Tan bonita la dentadura y tan mala la pronunciación.
Donde se pace, que no donde se nace.
En amores o en dinero, no existe amigo sincero.
Al que quiera celeste, que le cueste.
Una maravilla, con otra se olvida.
En toda casa hay muchas mudanzas.
Cuando se vuelven las tornas, medio mundo se trastorna.
No creo en gardenias negras, ni en virginidad de suegras.
En las horas de trabajo, los amigos al carajo.
Sientate en la puerta de tu casa, y verás pasar el cadáver de tu enemigo.
La barca pasa, pero el río queda.
Nuestro amor es como la llovizna que cae quedamente, pero desborda el río.
No es lo mismo estar jodido que estar jodiendo. (Respuesta ante el Senado español de Camilo Jose Cela cuando el presidente del Senado le reprochaba que estaba dormido).
El mono sabe el palo al que trepa.
Mira a las estrellas, pero no te olvides de encender la lumbre en el hogar.
Más vale tuerta que muerta.
El que en buen árbol se aloja, dos veces se moja.
Acude a tu oficio, que todo lo demás es vicio.
Vive tu vida y no la de los demás.
Quien carece de talento, echa siempre el mismo cuento.
Comida gustosa: un poquito de cada cosa.
Mi mama me manda a mi y yo mando a mis hermanitos.
El que come poco y bien, vive mucho y mejor.
El gorrón tiene que ser sufrido.
Trabajar, solo con la muerte puede acabar.
El buey pace donde yace.
Saber por solo saber, cosa vana viene a ser; saber para ser mejor, eso es digno de loor.
Cada día, su pesar y su alegría.
Antes de contar, escribe, y antes de firmar, recibe.
No todo lo que pendula cae
De Dios a abajo, cada cual vive de su trabajo.
Dar sale del corazón, no de las riquezas
No hay mucho que no se acabe, ni poco que no alcance.
Buenos amigos y buenos Abriles, uno entre miles.
Cada hombre lleva un loco dentro, y cada mujer un ciento.
En quien nada sabe, pocas dudas caben.
El que todo lo niega, todo lo confiesa.
Fue por lana y salió trasquilado.
Lo que se da al pobre se guarda en el cielo.
Acostarse temprano y levantarse temprano hacen al hombre saludable, rico y sabio.
Caballo que alcanza, pasar querría.
A cena de vino, desayuno de agua.
Dinero que volando vino, se va por igual camino.
Buena cara dice buen alma.
Cuando comía todo, mi mujer lo escondía; y ahora que no puedo comer, todo me lo deja ver.
Rostro de horno, piernas de río y tetas de frío.
Muchos van por Lana y vuelven trasquilados.
Una madre de su hijo nunca se muerde hasta el hueso.
El amor de la mujer, en la ropa del marido se echa a ver.
Tres hijas y una madre, cuatro diablos para el padre.