De poniente, ni viento ni gente.
Ni hables como doliente, ni vivas entre vil gente.
Dicen que el hombre no es hombre hasta que no oye su nombre de labios de una mujer.
Quién retozó de soltera, no diga nada de la ajena.
Más se aprende en un día de soledad que en ciento de sociedad.
Quien se excusa se acusa.
Las calabazas vacías hacen más ruido.
Vida sin amor, años sin verano
Casa que al amanecer no está abierta, es colmena muerta.
Cuando todo ha pasado, solo la verdad y el honor permanecen.
Cayendo el muerto y soltando el llanto.
Lo que esconde el más allá, tras la muerte se sabrá.
La constancia decisiva, vence al fin la suerte esquiva.
El que dice la verdad, ni peca ni miente.
Llora tus penas y deja las ajenas.
Más vale estar con la boca cerrada y parecer estúpido, que abrirla y confirmarlo.
No maldigas la oscuridad, enciende la vela.
Las ofensas con gracias, som mejores que el aburrimiento.
¿Quién dijo miedo?. Y huyó al sonar un pedo.
De lo vedado, un solo bocado.
Donde hay humo no hay [[escarcha.
Hay que dar tiempo al tiempo.
La blancura de la nieve hace al cisne negro.
Boca cerrada, más fuerte es que muralla.
Mientras mis mentiras cuento, no me parece que miento.
Bromeando, bromeando, amargas verdades se van soltando.
Quiero ver si como ronca duerme.
Secreto de dos, guardado; de más de dos, en la calle echado.
Poco dinero, poco sermón.
Cortesía de boca, mucho consigue y nada cuesta.
A la mujer y al viento, pocas veces y con tiento.
Hombre intranquilo vale por diez.
Palabras melosas, siempre engañosas.
Hay quién está siempre ocupado pero nunca hace nada.
Entre amigos no hay cumplidos.
Pesar ajeno, no quita el sueño.
Dos no pelean cuando uno no quiere.
Cuando hay orden, hay muy poco que hacer.
Cree lo que vieres y no lo que oyeres.
Muerto está el ausente, y vivo el presente.
La ausencia es al amor lo que al fuego el aire: que apaga al pequeño y aviva al grande.
Ausencia al más amigo, pronto lo pone en olvido.
Más vale un "por si acaso", que un "que pensaran".
Salud perdida, salud gemida.
La muerte no suele avisar, cuando menos lo piensas, ahí está.
Como las monjas de mi lugar: ni papel romper ni cuerda tirar.
Mientras Dios diere mujeres conviene que haya paciencia.
Dando y tomando, no cabe engaño.
El que no enseña no vende.
El yerro encelado, medio perdonado.