Vive en paz, pasa la vida en calma!
El hablar mismo idioma.
El que todo lo niega, todo lo confiesa.
El mejor adorno es, la modesta sencillez.
De sol de tarde, Dios te guarde.
A secreto agravio, secreta venganza.
Vida sin amigos, muerte sin testigos.
El que habla de más, cansa; y el que habla de menos, aburre.
Hablar con lengua de plata.
Donde hablen, habla; donde ladren, ladra.
Quien hace mal, aborrece la claridad.
Una boca y dos orejas, tenemos; para que oigamos más que hablemos.
Deja que el buey mee que descansa.
Zumbido de mosquito, música de violín chiquito.
Hablar de la guerra y estar fuera de ella.
Injuriada la paciencia, a veces en ira quiebra.
A cautela, cautela y media.
El poco seso canta en la mesa y silba en el lecho.
El que te presta oídos es porque también quiere hablar.
Nadie pone más en evidencia su torpeza y mala crianza, que el que empieza a hablar antes de que su interlocutor haya concluido.
Da una sola campanada, pero que sea sonada.
La nuez llena, menos que la vana suena.
El que no quiera polvo, que no salga a la era.
Comida sin siesta, campana sin badajo.
Juntos pero no revueltos.
Buen hablar de boca, mucho vale y poco cuesta.
No hay mula con cuernos, ni mujer discreta.
Mujeres y almendras, las que no suenan.
El buen caballo de ladridos no hace caso.
Donde hay dolencia, haya paciencia.
Quien a solas se aconseja, a solas se remesa.
Que mañana hay misa para los sordos.
El llanto sobre el difunto.
Injurias olvidadas, injurias remediadas,.
Ratones y falsos amigos, huyen cuando oyen ruido.
De Segovia, ni el aire ni la novia.
Quien a decir agrias verdades se pone, agrias verdades oye.
Boca sin muelas, molino sin piedras.
Molino cerrado, contento el asno.
La ausencia y la muerte mucho se parecen.
Con la barriga vacía, ninguno muestra alegría.
Cuando los santos hablan, licencia de Dios tienen.
Antes falta la palabra en la plaza, que el estiércol en la haza.
Quién guarda dos termiteros, vuelve de vacio.
Quien lo ha de hacer, no lo dice.
Gran hidalguía y la despensa vacía.
Limpio de polvo y paja.
No hay viudita sin duelo, ni triste in consuelo.
La paciencia es el puerto de las miserias.
Al medico, al confesor y al letrado, hablarle claro.