De pico tenía mi abuelo un jarro, se cayó y se quedó chato.
No hay nada nuevo bajo la capa del cielo.
Las palabras vuelan, los escritos se conservan.
De los olores, el pan; de los sabores, la sal.
Unos por otros, la casa sin barrer.
Yeso y cal, cubre mucho mal.
Pedir las perlas de la virgen.
La arena del desierto es para el viajero fatigado lo mismo que la conversación incesante para el amante del silencio.
Recoge el heno mientras el sol brilla.
Dando dando, palomita volando.
Mal mascado y bien remojado.
Casa sin niños, tiesto sin flores.
Echa un cacho de honradez al puchero, y verás qué caldo sale.
Suelo mojado, cajón seco.
A quien a soplos enfría la comida, todos le miran.
Dar la callada por respuesta.
Si el cura se resfría, hasta el monaguillo tose.
Junto a santo que no suda, el sacristán estornuda.
Agua de sierra, y sombra de piedra.
Tirar la piedra y esconder la mano.
No está siempre el agua clara, ni el palo para la cuchara.
A comida de olido, pago de sonido.
Al desagradecido, desprecio y olvido.
Amor de puta y fuego de aulagas si presto se enciende, presto se apaga.
Ni tras pared ni tras seto digas tu secreto.
Por un grano no se desgrana la mazorca.
Al pobre y al feo todo se le va en deseo.
Al hablar como al guisar, su granito de sal.
Pronto pasan al olvido los muertos y los idos.
Darle castañas al castañero, tiene salero.
Entre pitos y flautas.
Guardólo Dios de piedra y niebla, más no de puta vieja.
Abril llovedero, llena el granero.
Barba roja, mucho viento porta.
Salud y pesetas y lo demás son puñetas.
La remilgada de Jurquillo, que lavaba los huevos para freírlos.
El que calla, no dice nada.
La pizca, bien racionada, que el pisco no pone nada.
Cuando el sartén chilla, algo hay en la villa.
Boca sucia no habla limpio.
Viento del solano, agua en la mano.
El huevo, fresco, y el pan, moreno.
Partí una, partí dos, partí tres..., salieron vanas. Las palabras de los hombres son como las avellanas.
Más vale sudar que toser y tiritar.
Bofetón amagado, nunca bien dado.
Del agua mansa se asombra el perro.
Al perro más flaco, hasta las pulgas le abandonan.
No te fíes de las nieblas, ni de las promesas de suegra.
La nieve es la cobija del agricultor.
El silencio hiere más, que la palabra procaz.