El que con muchos se casa, a todos enfada.
Más grande que el apetito, el ojo que mide el frito.
La enfermedad se siente, pero la salud no.
Cartera y reloj, el sueño del ladrón.
Ya que lo tenía concertado, estorbómelo el verdugado.
Carta cerrada, si no la abres no dice nada.
Me doblo pero no me quiebro.
Quien tiene alforjas y asno, cuando quiere va al mercado.
Fuente de vida es la boca del justo, pero la boca del malvado encubre violencia.
Las grandes cargas están hechas de pequeños puñados.
A gloria me sabe el vino que viene de blanca mano y en un cristalito fino.
Cuando el toro desconoce el tintineo del cencerro de su rebaño se pierde.
En el verdadero amor es el alma la que abraza al cuerpo
Desde chica, la ortiga pica.
Cada maestrito tiene su librito.
Quien murmura del ausente, a un muerto teme.
Llamame tonto y dame pan.
El agradecido demuestra ser bien nacido.
Salga pez o salga rana, a la capacha.
El mundo da muchas vueltas.
Buenos son barbos cuando no hay truchas a mano.
Salir del fuego para caer a las brasas.
Los ajos en Navidad, ni ácidos sin por sembrar.
El que quiera saber, que vaya a Salamanca.
Ladran, pues cabalgo.
El oficial que no miente, sálgase de entre la gente.
Predicar en desierto, sermón perdido.
Con salud y dinero, hago cuanto quiero.
Al pescado dormilón, se lo traga el tiburón.
Las palabras son como las abejas: tienen miel y aguijón.
Ave vieja, no está segura en jaula nueva.
Quien te quiere, te aporrea.
La fruta madura se cae sola.
En casa del doliente quémase la casa y no se siente.
Florecillas en el trigo, pegujal medio perdido.
Hay que engordar al cochino, para sacar buen tocino.
La mujer lo hace, y el marido no lo sabe.
Para la virtud somos de piedra, y para el vicio somos de cera.
La madrugada del caballero, al darle el sol en el trasero.
Hay quienes pasan por el bosque y no ven leña para el fuego.
Voy a por tabaco. (Cuando un marido se separaba de su mujer. Durante el franquismo; no estaba permitido el divorcio).
El enfermo necesita del medico, el médico no necesita del enfermo.
A ratón con buen olfato, nunca lo sorprende el gato.
Cochinillo de Febrero, con su padre al humero.
La persona que se conoce a sí mismo, será invencible.
El orgullo puede estar oculto bajo un capa caída.
Despistado como perro en cancha de bochas.
Quien dice lo suyo, mal callará lo ajeno.
La que de treinta no tiene novio, tiene un humor como un demonio.
Esta lloviendo sobremojado