La ocasión asirla por el guedejón.
Hombre que vive de amor y vino, que no se queje de su destino.
Juventud licenciosa, vejez penosa.
El valor crea vencedores; la concordia crea invencibles.
Boca de verdades, cien enemistades.
De boca para fuera.
Gran riqueza cien quebraderos de cabeza.
Amor, pocas veces da placer, y muchísimas dolor.
Paga para que te acrediten.
La avaricia es la pobreza de los ricos.
Es fácil compartir la papa cuando hay amor.
La libertad vale más que el oro
Belleza es riqueza, o por ella empieza.
Una liebre con dos galgos se avasalla, y si se va que se vaya.
El vulgo es necio y pues lo paga, es justo hablarle en necio para darle gusto.
Aquel es hombre, que corresponde al nombre.
A dos puyas no hay toro bravo.
Oficio vano y con pena, al que le sigue condena.
Eres guapo, joven y con dinero, ¿qué más quieres, Baldomero?.
Dar es corazón, pedir es dolor
Bien de escudos y blasones, pero mal de pantalones.
Saber es poder.
Fortuna te dé Dios, talento no.
Más pija que el Don Bosco.
Hijo fuiste, padre serás, como lo hiciste así te harán.
Al papel y a la mujer, lo que le quieran poner.
Todo cojo le echa la culpa al empedrado
O bien no emprender nada, o bien asombrar a todo el mundo con cuanto emprende.
Insinuación de rey, como si fuera ley.
Jugarse hasta la camisa.
Buenas palabras y buenos modales, todas las puertas abren.
Aburrimiento y nervios son contagiosos
Como mi padre es rico, no quiero cerrar el pico.
Pan, que en la boda de un cojo lo dan, pero no a todos los que van.
Por unas saludes, no te desnudes.
Para torear y casarse hay que arrimarse.
Real ahorrado, real ganado.
El hijo mal enseñado no será muy honrado.
Bueno de asar, duro de pelar.
Amigo soy leal, hasta salir al umbral.
Da a los ricos lo suyo, a los pobres lo tuyo.
Anillo en dedo, u obispo o majadero.
Ni santo sin estampa, ni juego sin trampa.
El que tiene padrino es el que se bautiza.
Mi alma a Dios, mi vida al rey, mi corazón a la dama.
El, por vía de compadres, quiere hacerme la hija madre.
A buen barón, poco le presta el aguijón.
Dádiva forzada no merece gracias.
El que desprecia un centavo deseará después un peso.
El hombre que se enoja se derrotará a sí mismo en el combate, lo mismo que en la vida.