Todos los perros son valientes en su propia puerta.
Reniego de bacín de oro em que he de escupir sangre.
No aceptes soborno del poderoso ni oprimas al desheredado.
Aquella que la alza una vez, la alza siempre.
Quien dice la verdad, cobra odio.
El hombre que se respeta, no besa sino en la jeta.
Hasta el más capón se los hecha al hombro.
Arriba, siempre arriba, hasta las estrellas
Al que de ajeno se viste, en la calle lo desnudan.
Casa mía, casa mía, por pequeña que tú seas me parece una abadía.
Hijo mimado, hijo malcriado.
A fuerza de palos, como borrico de yesero.
En la casa del cura, siempre reina la ventura.
Una cosa es ser sincero, y otra cosa ser grosero.
Más grande que el apetito, el ojo que mide el frito.
Mejor es el varón prudente, que el fuerte.
La gracia del barbero es sacar la patilla de donde no hay pelo.
Se te vio el plumero. (Frase utilizada para los homosexuales, como para cualquiera que pretenda engañar).
La muerte y el juego, no respetan privilegios.
No se siente el burro mal, libre de enjalma y pretal.
La mujer bella está mejor desnuda que vestida de púrpura
El hijo sabe que conoce a su padre.
El bobo si es callado, por sesudo es reputado.
El que para pobre está apuntao, igual le da estar de pie que sentao.
Empréñate del aire, compañero, y parirás viento.
Amor de puta y fuego de aulagas si presto se enciende, presto se apaga.
La sinceridad viene del alma y se lee en el rostro de los sencillos
Cual es el hombre, tal su fortuna y nombre.
Grano a grano, hincha la gallina el papo.
Dichosos aquellos cuyos errores cubre la tierra.
Donde hay pelo hay alegría.
Nadie quiera de lo ajeno más de lo que quisiera el dueño.
A Dios se le dan las quejas, y al diablo las disparejas.
El buen hombre vale más que las grandes riquezas.
La polla que se apendeja, la agarra la comadreja.
Al agradecido, más de lo pedido.
Lo prestado, ni agradecido ni pagado.
Palos con gusto no duelen.
A la galga y a la mujer, no la des la carne a ver.
Valiente es el que se bate contra dos enemigos pero lo es más quien hace el amor con los bolsillos vacíos
Cada uno va a su avío, y yo, al mío.
Cada uno arrima el ascua a su sardina.
Desnudo nací, desnudo me muero, ni gano ni pierdo.
Dios no se queda con nada de nadie.
Nadie se mira su moco, pero sí el que le cuelga al otro.
Amor de dos, amor de Dios.
El que da lo que tiene antes de la muerte merece que le den con un canto en los dientes.
Quien habla con argumentos, no grita ni hace aspavientos.
Por la ignorancia nos equivocamos, y por las equivocaciones aprendemos.
Amar a todos, confiar en nadie.