Repartamos así: para ti la Justicia y el favor para mí.
De quien mira al suelo, no fíes tu dinero.
Bella o fea que sea, no la tengas jamás en compañía.
A bien se llega quien bien se aconseja.
La posteridad solo te pertenece cuando tus nietos juegan en tu puerta.
Mujer que se queja, marido que peca
El que no enseña no vende.
Abarata, tendero, y ganarás más dinero.
Del viejo el consejo.
El que quiera comer huevos tendrá que soportar los cacareos de las gallinas.
Sabio es quien poco habla y mucho calla.
Quien no conoce a Dios, dondequiera se anda hincando.
Ijurra, ¡no hay que apurar la burra!.
No ver, y creer en lo que no se ve, son elementos esenciales de la fe
Clérigos y cuervos, huélganse con los muertos.
El que hace la ley, hace la trampa.
la ropa son alas.
De padres muy cuerdos, hijos muy lerdos.
Quien a hierro hiere, a hierro muere.
Obremos a no ver, dineros a perder.
Ni es carne, ni es pecado.
Del árbol del silencio pende el fruto de la seguridad.
Un secreto bien guardé; aciértalo tú, que yo lo diré.
Donde fuerzas no bastan, baste la maña.
La mala oveja se ensucia en la colodra.
No des a guardar ni al niño el bollo, ni al viejo el coño.
Ser desagradecido es de mal nacidos.
Infierno y gloria, dos nombres en discordia.
El que tiene tierra, tiene guerra.
De prometer a dar, hay unas lenguas de mal andar.
El saber no ocupa lugar.
Vive de tus padres, hasta que tus hijos te mantengan.
Nunca con menores, entables amores.
Busca y hallarás; guarda y tendrás.
Para bien estar, mucho hay que andar.
Cuando Dios no quiere aliviar los males, ni sirven sangrías ni flores cordiales.
Educación y pesetas, educación completa.
Lo que no puede curarse hay que aguantarlo.
Tienes la razón, pero vas preso.
Cada cual es rey en su casa.
Dios sabe lo que hace.
Quien vive fiando al amigo, estudia para mendigo.
Haz aquello que quieras haber hecho cuando mueras.
Para que alcance siempre tiene que sobrar.
Hijo ajeno, mételo por la manga; salirse ha por el seno.
El que necesita, te visita.
Pon y te llamaran gallina.
Eres de la ley del tordo, las patas flacas y el culo gordo.
Para que nazcan virtudes es necesario sembrar recompensas.
Del mismo santo, siempre oirás los mismos milagros.