Aprender sin pensar es inútil, pensar sin aprender es peligroso. (Confucio)
Pídele a Dios que muera si quieres que dure mucho.
Saber uno los bueyes con que ara.
El que fía y no sabe cobrar, pronto no tendrá con que pagar.
A bien te salgan, hija, estos arremangos.
Alábate, mierda, que el río te lleva.
Hijos crecidos, trabajos llovidos.
Bolsa, mujer y espada, no quiere andar prestada.
Guárdate del enemigo que llevas en ti y contigo.
Al hombre inocente, Dios le endereza la simiente.
Una olla y una vara el gobierno de una casa.
Dios en el cielo, en la tierra, el dinero.
Reniego del necio que jode con la mujer del cuerdo.
Abaja acá, gallo, que estás encaramado.
La abeja, unas flores escoge y otras deja.
No hay mayor dificultad que la poca voluntad.
Sabiduría de pobre hombre, hermosura de puta y fuerza de ganapán, nada val.
Hombre casado, burro domado.
A por ellos, que son pocos y cobardes.
Cada uno es para si y Dios es para todos.
Reloj y campana, muerto mañana.
A carrera larga, cada galgo se queda en su puesto.
Ordena cada día como si fuera el postrero de tu vida.
Bebe el vino a discreción y no a boca de cangilón.
Hay que dar para recibir.
Mal hace quien no hace bien, aunque no haga mal.
Quien de valor hace alarde, tiene mucho de cobarde.
A la hija, tápala la rendija.
Así como un medicamento amargo cura la enfermedad, las palabras sinceras, que hieren los oídos, benefician el comportamiento.
La unión hace fuerza.
Quiebra la soga siempre por lo más delgado.
Puede uno entender como un ángel y seguirá siendo un demonio.
El viejo en su tierra y el mozo en la ajena miente de igual manera.
Más vale hacer frente al peligro una vez que vivir siempre con temor.
Quien sabe esperar, sabe lograr.
El que fía, salió a cobrar.
Bondad con hermosura, poco dura.
La sabiduría no se traspasa, se aprende.
Lo que se aprende en la cuna siempre dura.
Un corazón tranquilo es la vida del cuerpo
Para alcanzar dicha plena, nos toca perder la pena.
Por Santa Brígida, levanta la cabeza la sabandija.
A quien duerme, duérmele la hacienda.
Quien guarda el manjar que tiene, se le va, o se le reviene.
Hoy no se fía aquí, mañana sí.
Secreto de dos, guardado; de más de dos, en la calle echado.
Repartamos así: para ti la Justicia y el favor para mí.
La posteridad solo te pertenece cuando tus nietos juegan en tu puerta.
Santo que mea, maldito sea.
Amor y vino, sin desatino.