Unos siembran el pan y otros lo cogerán.
Jugar y pasear cuando no hay que trabajar.
El viejo tiene la muerte ante sus ojos, el joven a su espalda.
Lo que va viene.
Campanitas de Toledo, óigoos y no os veo.
El conejo y el ruin, donde nace quiere morir.
Los amantes de Teruel, tonta ella y tonto él.
Oídos que bien oyen, consejos encierran.
Putas viejas, al mercado, que ya el pie se ha despertado.
Torreznos sin vino, como olla sin tocino.
Oye primero y habla postrero.
Amigos y relojes de sol, sin nubes sí, con nubes no.
Ojos que no pueden ver, de vidrio tienen que ser.
No ha nacido aún quien cuide lo ajeno.
Ante la duda, la más madura.
A la hora mala no ladran los perros
Zopenco o zoquete, el más listo, torpete.
Los amigos de los buenos tiempos son como los gatos callejeros
Dando gracias por agravios, negocian los hombres sabios.
Ni moza sin espejo, ni viejo sin consejo.
Acelgas bonitas, de día las pencas, de noche las ojitas.
Dineros en manga, tanto vino como agua.
El cordero manso mama a su madre y a cualquiera; el bravo ni a la suya ni a la ajena.
Caceta y pesqueta, mala chaqueta.
Barre la nuera, lo que ve la suegra.
Hombre refranero, hombre de poco dinero.
La necesidad hace maestros.
En enero, el buey y el varon, hacen riñón.
Fía solo en dos: en ti y en Dios.
El tiempo es el jinete que cansa a la juventud.
Los ajos en Navidad, ni ácidos sin por sembrar.
Estas son lentejas; si quieres, las comes, y si no, las dejas.
Dios nos coja confesados.
Después de la remolacha, ni vino ni muchacha.
Durar menos que un caramelo a la puerta de una escuela.
Claridad, y no en el caldo.
Al fraile y al puerco, mostradle una vez la casa que el se vendrá luego.
Corderica mansa mama a su madre y a la ajena.
Casa en plaza, los quicios tienen de plata.
Zurrianme las orejas; reniego de putas viejas.
En verano, no hay cocinero malo.
Mujer sin hijos jardín sin flores.
El consejo del viejo frailuco, hay que ser cuco.
A muy porfiado pedir, no hay que resistir.
Ni por rico te realces, ni por pobre te rebajes.
Cura y médico de aldea, por ellos vengan lo que desean.
Río, señor, horno, mulo ni molino, no lo tengas por vecino.
En chica casa y en largo camino se conoce al amigo.
Remendando, remendando, vamos la vida pasando.
¡Somos gente pacifica y no nos gusta gritar! (Transición española)