Lo que se hace aquí, se paga aquí.
Lo que siembres, recogerás.
Nadie va al abogado que venga desconsolado.
No hay mejor testigo que el papel escrito.
¿No querías caldo?, pues toma tres tazas.
O se tira de la cuerda para todos, o para ninguno.
Pedir con el puño en alto, no es súplica sino asalto.
Quien la haga que la pague.
Quitáronle a la tuerta, y diéronlo a la ciega.
Rey nuevo, ley nueva.
Tienes la razón, pero vas preso.
Uno levanta la caza y otro la mata.
Ya que lo tenía concertado, estorbómelo el verdugado.
Al que obra bien, bien le va.
La conciencia vale por cien testigos.
A siervos y a reyes, da Dios unas mismas leyes.
El que se coma la carne que se coma también el hueso.
A cada uno Dios da el castigo que merece.
Abusar es mal usar.
Donde todo el mundo opina, no hay orden ni disciplina.
Quien destruye una colmena, no espere una cosa buena.
Se olvida una buena acción, y no un buen bofetón.
Abogado de ricos, mal de pobres.
Abogado en el concejo, hace de lo blanco negro.
Abuso no quita uso.
A la fuerza ahorcan y quedan bien ahorcados.
A la mala costumbre, quebrarle la pierna.
Cada cual es hijo de sus obras.
Con el viento se limpia el trigo, y los vicios con castigo.
Confiesa y restituye, que la vida se te huye.
Da lo suyo al dueño y gozarás de buen sueño.
Después del palo dado ni Dios lo quita.
Donde hay leyes, hay trampas.
El que a burros favorece, coces merece.
El que al pedir abusa, a cambio recibe una excusa.
El que siembra espinas que no espere cosechar flores.
Hinca el pico, igual el feo que el guapo, y el pobre que el rico.
A barbas honradas, honras colmadas.
A bien obrar, bien pagar.
A buen señor, buena demanda.
Abogacía, que una boga y otra cía.
Abogadito nuevo, perdido el pleito.
Abogado, juez y doctor, cuanto más lejos, mejor.
A cada cerdo, le llega su sábado.
A cada pez le llega su vez.
A carnicera por barba, y caiga quien caiga.
A confesión de castañeta, absolución de zapateta.
Admisión de delito, relevo de prueba.
A fuer de Aragón, a buen servicio mal galardón.
A gran culpa, suave comprensión.