Lo que Dios no da, Salamanca no presta.
Si haces mal, pecado mortal; pero si haces bien, pecado también.
La culpa del asno echarla a la albarda.
La mujer buena, inapreciable prenda.
Buenas palabras no te quitan dinero del arca.
Tripa vacía, corazón sin alegría.
Mucho miedo, mucho miedo y poca vergüenza.
La mercancía bien comprada está medio vendida.
Haz bien y no acates a quien.
Favor con favor se paga
Las mujeres por poco se quejan y por menos se ensoberbecen.
Niño mimado, niño mal educado.
El que nada debe nada teme.
Aborrece y serás aborrecido, quiere y serás querido.
Abril sin granizo, Dios no lo hizo.
El honor y el ocio no suelen ser buenos compañeros.
Hoy debiendo, mañana pagando, vamos trampeando.
Mujer que se queja, marido que peca
Con mala persona el remedio es mucha tierra en medio.
Quien lo hereda no lo hurta.
Bien casada, o bien quedada.
Lo malo, a quien lo apetece, bueno y justo le parece.
A la mujer honrada, su propia estima basta.
Quien tuvo, retuvo.
Maldición de burro, al cielo no llega; en las vigas de la cuadra se queda.
El que a dos amos atiende, a uno le queda mal.
Ir de mal en peor, no hay cosa peor.
La que tiene cara honrada, no encuentra puerta cerrada.
El que mucho ofrece, poco da.
El que a otro quitó la vida, la suya juzga perdida.
¡A la mierda! (Fernando Fernan Gomez).
Puta y fea, poco putea.
A caballo regalado, no se le ve colmillo.
Maldición, y pulgón, y potra, y sabañón, en tal compañón.
Palabras son cosa fría para el que aún de las obras no fía.
A cada uno Dios da el castigo que merece.
Rebuzno de burro, no llega al cielo.
Hasta la gracia de Dios hace daño.
El que bien vive, harto letrado es.
Más vale dar a ruines que rogar a buenos.
La memoria de los justos es una bendición, pero la fama de los malvados será pasto de los gusanos.
Moneda ahorrada, moneda pagada.
Cuidado con la adulación
Malo, pero ajeno, sabe a bueno.
Hace buena cuenta quien con lo suyo se contenta.
Heredad por heredad, una hija en la vieja edad.
Reírse de la vida para que la vida no se ría de uno.
Castillo apercibido no es sorprendido.
Bien ajeno es la hermosura, y, sobre ajeno, poco dura.
Ni el prometer empobrece, ni el dar enriquece.