Muerte, no te me Achégate, que estoy temblando de miedo.
Zanahorias pequeñas trae la huerta ahora que el hortelano esperaba de arroba.
Los que abren la boca son los que menos abren el corazón.
Dijo el asno al mulo: "Arre allá, orejudo".
Can que mucho ladra, ruin es para casa.
A tu hijo dale oficio, que el ocio es padre del vicio.
Dinero sin caridad, es pobreza de verdad.
Quien a uno castiga a ciento hostiga.
Lo que a los pobres des prestado es y a buen interés.
Aceitunas: una oro, dos plata, la tercera mata.
Daños, engaños y desengaños, frutos son de los años.
Más querría servir que recibir.
Las necedades del rico pasan por sentencias en el mundo.
Tarde roja y negra mañana alegran al peregrino
El más ruin se engalla, y el más honrado calla.
Con dinero, aunque borrico, ¡qué buena persona el chico!.
La buena suerte, durmiendo al hombre le viene.
No cuentes dinero delante de los pobres.
Donde se está bien nunca se muere
Contestación sin pregunta, algo barrunta.
Demasiado pedo para la mula.
El que dice la verdad, ni peca ni miente.
Los pensamientos de los amantes hablan en voz alta
Dale con que la abuela fuma.
Entre lo dulce y lo amargo, no existe trecho muy largo.
El que manda, manda.
Gusta lo ajeno, más por ajeno que por bueno.
La piedra regalada por un amigo es una manzana
Las desgracias tienen los oídos sensibles
Entre reventar o peer, ¿qué duda puede haber?.
Hasta la hormiguilla tiene su colerilla.
A su costa aprende el necio, y a costa del necio el cuerdo.
El amor hace locos de cuerdos y sabios de necios; conque enamórate, Pedro.
Cada cual es dueño de su miedo.
La prisa se tropieza en sus propios pies.
No hay nadie perfecto, solo que algunos abusan.
Perro que ladra no muerde. (Mientras ladra)
Nunca falta un borracho en una vela.
La verdadera grandeza no renuncia a la amabilidad.
La mujer buena, de la casa vacía hace llena.
Ser el último orejón del tarro.
Cualquiera puede mirar a través de una tabla de roble si ésta tiene un agujero
A gran salto, gran quebranto.
Saber de pobre no vale un duro
Con quien tengas trato no tengas contrato.
Para tu mujer empreñar no debes otro buscar.
Quién quiere, podrá otro día si hoy no puede.
De la mujer el primer consejo, que el segundo no lo quiero.
Machete cuto, estáte en tu vaina que nada te pasará.
Da generosamente sin esperar nada a cambio. Así nunca te decepcionarás y hallarás a menudo agradables sorpresas.