Al músico viejo le queda el compás.
Ponga agua en su vino.
Ser bueno, a veces no es tan bueno.
Bofetón amagado, nunca bien dado.
El hablar es plata y el callar es oro.
Por San Lucas, mata tus puercos, tapa tus cubas y prepara tus yuntas.
Los labios del justo destilan bondad; de la boca del malvado brota perversidad.
Abad de aldea, mucho canta y poco medra.
El temor de la guerra madura en cualquier tierra
Dios hizo la curación y el médico se llevó los agradecimientos.
Si Dios no te ha dado gloria, confórmate con la fama.
Un solo enemigo es demasiado y cien amigos son pocos
Obra con amores y no con buenas razones.
Dios ayuda al que mucho madruga.
Sirve de poco hacer mucho, pero no lo que se debe.
Ningún amigo como un hermano, ningún enemigo como un hermano.
Aprovecha el tiempo, que vale cielo.
A la mujer, ni todo el amor, ni todo el dinero.
La risa se oye a mayor distancia que el llanto.
El que con locura nace, con ella yace.
Quien con hambre se acuesta, con pan sueña.
Es por bondad de corazón por lo que el cangrejo rechazó que Dios le fabricara una cabeza.
Por San Martín, trompos al camino.
Secreto tan solo es lo que sabemos dos: Dios y yo.
Para vos me peo y para otro me afeito.
El chisme agrada, pero el chismoso enfada.
Llave puesta, puerta abierta.
mas puto ke joakito dandole a un ornitorrinco africano en celo.
Mujer ventana, poco costura.
El sol no sabe de buenos, el sol no sabe de malos. El sol ilumina y calienta a todos por igual. Quien se encuentra a sí mismo es como el sol.
Solo a los locos les gusta la guerra, el mar y el matrimonio.
A buey viejo, no se le saca paso.
Los amigos de los buenos tiempos son como los gatos callejeros
En los grandes aprietos, crece el entendimiento.
Del sabio, poeta y loco, todos tenemos un poco.
Mi marido va a la mar, chirlos mirlos va a buscar.
De Todos los Santos a Navidad, o bien llover o bien helar.
Al hombre y al oso, lo feo lo hace hermoso.
Bocadito regular, que se pueda rodear.
El casamiento y el buñuelo quieren fuego.
La astucia del que no tiene astucia es la paciencia.
Al perro muerto, échale del huerto.
A nadie le amarga un dulce, aunque tenga otro en la boca.
Yo que me callo, me quedo sin gallo.
El que mal vive, poco vive.
Se pudo una vez, se podrá de nuevo.
Ninguno do otros es señor si no lo es del corazón.
El arenque cuelga de sus propias agallas
A mula que otro amansa, algún resabio le queda.
La que adoba no es María, sino la especiería.