Secreto de dos, guardado; de más de dos, en la calle echado.
De prometer a dar, hay unas lenguas de mal andar.
Bien se sabe atrever quien nada tiene que aprender.
Abejas sin comida, colmenas perdidas.
No falta un burro en un mal paso.
Cuando las olas se han aquietado y el agua está en calma, entonces se refleja la luz y se puede vislumbrar el fondo.
Nunca falta Dios a los pobres.
Déjate la vergüenza atrás, y medrarás.
Vicio por natura, hasta la muerte dura.
El adulador corrompe a su patrón rascándole la espalda
Un real de deuda, otro acarrea.
Tanto quiso el demonio a sus hijos, que les sacó los ojos.
El avaro se roba a sí mismo. El pródigo, a sus herederos.
Cabra por viña, peor es que tiña.
Agua del cielo no quita riego.
Beber sin comer, maña de ranas es.
A la virtud, menester hace espaldas.
Lo mal ganado, ello y su dueño se lo lleva el Diablo.
Las penas, o acaban, o se acaban.
Dios castiga, sin palo y sin cuarta.
El inferior paga las culpas del superior.
Quien quisiere mentir, atestigüe con muertos.
El bien que se venga a pesar de Menga, y si se viene el mal, sea para la manceba del abad.
Casa en que una lágrima abre gotera, se pudre toda entera.
El que no mira, suspira.
El niño meón, que calaba siete mantas y un colchón.
De solo aire no vive nadie.
Mentiras y olas, nunca vienen solas.
El agua corre, la arena queda; el dinero va, la bolsa queda; el hombre muere, el nombre queda.
Enero caliente, el diablo trae en el vientre.
En donde la fuerza sobra, hasta la razón estorba.
De puta a puta, taconazo.
No fíes ni porfíes, ni prometas lo incierto por lo cierto.
Quien teme la muerte no goza la vida.
Si sabes que no llegarás a la meta, no te metas.
Confesión con vergüenza, cerca está de la inocencia.
Un loco echa una piedra al río, y cien cuerdos no la pueden recuperar.
Tiene más miedo que vergüenza.
La suerte y la muerte están siempre a la puerta
No hay ausencia que mate, ni dolor que consuma.
Alábate, Juan, que si no te alabas no te alabarán.
Junto el dinero bueno con lo malo, todo ello se lo lleva el diablo.
Abogacía, que una boga y otra cía.
Todo el orgullo y la opulencia paran en siete pies de tierra.
Juramentos de amor y humo de chimenea, el viento se los lleva.
Deseando bienes y aguantando males, pasan la vida los mortales.
Alcanza, quien no cansa.
Ni ausente sin culpa ni presente sin disculpa.
No hay más sordo, que quien no quiere oir.
El olor de la agena fama, al envidioso atafaga.