Mujer que se queja, marido que peca
Con un bocado de trigo y otro del prado, saca mi maridito gordo el ganado.
Quien de los suyos se aleja, Dios le deja.
Por San Eugenio, castañas al fuego.
Paciencia y barajar.
Cuida los centavos, que los pesos se cuidan solos.
Al que Dios ha de ayudar, sábele bien hallar.
Dar de comer al diablo.
Más vale amante bandido que novio jodido.
Para el particular, paso regular. Para el contratista, vista. Para el Ayuntamiento, paso lento. Pa la Diputación, buena canción. Pal Estáu, echáu.
De algo murió mi abuela.
Zapatero a tus zapatos.
Cuerpo harto, a Dios alaba.
El dinero del pobre, dos veces se gasta. El duro del casado vale dos cincuenta.
Figa verdal y moza de hostal, palpando se madura.
A la vuelta de la esquina, ¡adiós al amigo!
Ni amigo reconciliado ni cordero dos veces asado.
Sol puesto, obrero suelto.
De los amigos me guarde Dios, que de los enemigos me guardo yo.
Entre mozas y mozos, pocos retozos.
O todos hijos de Dios o todos hijos del diablo.
Dando tiempo al tiempo el mozo llega a viejo.
A perro viejo no cuz cuz.
Yo como tu y tu como yo, el diablo nos junto.
El que manda, manda.
Ruego a Dios, si te casares, que llorando te descasen.
Andando, andando que la Virgen te va ayudando.
Zanahoria y nabo, buenos casados.
Bien casada, o bien quedada.
En ningún apostolado falta un judas.
Buen podador, buen viñador.
Ávila, santos y cantos.
Mira a tu suegra, así será tu mujer de vieja.
Mens sana in corpore insepulto.
Más se mira al dador que a la dádiva.
Huyes de la mortaja y te abrazas del difunto.
Mojarse el potito.
A putas y ladrones nunca faltan devociones.
La manda del bueno no es de perder.
El vino con el amigo.
A llorar al cuartito.
Trato es trato.
A ese andar, llévalos mi baca.
Amigo reconciliado, doble enemigo
A la mujer muy casera, el marido bien la quiera.
Río cruzado, santo olvidado.
Una y no más Santo Tomás.
Alcalde de aldea, yo no lo sea.
Para vivir con alegría, hijos sanos y hacienda en medianía.
Por lo demás, paciencia y barajar.