A la gallina y a la mujer, le sobran nidos donde poner.
Coces de yegua, amor es para el rocín.
Cielo empedrado, viento o suelo mojado.
La que de alto hila, el huso la cae y el culo la pía.
Quien quiere y no puede, gran mal tiene.
Hay quien no ve su camino.
Las cosas se parecen a sus dueños.
A golpe dado no hay quite.
La verguenza es último que se piedre.
Gato gordo, honra su casa.
Vicio es callar cuando se debe hablar.
Una huésped llega con diez bendiciones, come una y deja nueve.
Mejor el demonio que te hace progresar, que el ángel que te amenaza.
La cascara guarda el palo.
No des a guardar ni al niño el bollo, ni al viejo el coño.
De perdidos, al río.
Más vale muerte callada que desventura publicada.
Ojos dulces y apacibles, pero hay cosas más tangibles.
Amigo y de fiel empeño; es el perro con su dueño.
No da un tajo ni en defensa propia.
La hierba que está para un burro, no hay otro que se la coma.
Cuanto más queremos a nuestros amigos menos los lisonjeamos. Cuanto menos los queremos más los lisonjeamos
Por los santos, la nieve el los altos y el frío en los campos.
Cartas que deprisa se escribieron, mil disgustos dieron.
Cuando Marzo marcea, la vieja en el "jogarín" se mea.
Amor hecho a la fuerza no vale nada
Mucha agua en la otoñada, poco trigo y menos cebada.
Tiene Mayo la llave del año.
Malo es pecar, y diabólico perseverar.
Administrador que administra y enfermo que enjuaga, algo traga.
La carne en el techo y el hambre en el pecho.
El que nunca tiene y llega a tener loco se quiere volver.
Más perdido que un moco en una oreja.
Como vaya viniendo, vamos viendo.
Nadie diga "De esta agua no beberé", ni "De este pan no comeré".
Soplar la pelusa de un abrigo de pieles, para descubrir el menor defecto.
La mala palabra, más que un guijarro descalabra.
Por la Pascua carne de cordero, por Navidad de gallinero.
La justicia cojea, pero llega.
La necesidad agudiza el ingenio.
Rápido y bien, no siempre marchan juntos.
Al sudado, el agua fría a un lado.
La suerte no es para quien la busca.
Mucha carne para tan poco Gato.
La casa caída, el corral agrandado.
Con un refrán puede gobernarse una ciudad.
Donde la puerta te abren, honra te hacen.
Aceite y romero frito, bálsamo bendito.
Hable el sabio y escuche el discreto.
Amigo ambiguo vale por dos enemigos