A quien el vino no plazca, Dios le quite el pan.
De ninguno has de decir lo que de ti no quieras decir.
El que perdona un engaño, merece ir a un rebaño.
Daría yo un ojo, porque a mi enemigo sacasen uno.
Quien no dice lo que quiere, de tonto muere.
Más se logra con amor que con dolor.
Ayer me negó un bocado, pero hoy me pide prestado.
El hombre propone y Dios dispone; viene la mujer y todo lo descompone.
Quien teme a las almas, se topa fantasmas.
De puta a puta, taconazo.
¿Qué haces, bobo?. Bobeo: escribo lo que me deben y borro lo que debo.
En cuestión de gustos, no hay nada escrito.
De cuero ajeno, correas largas.
Ropa dominguera, del portal pa fuera.
Nunca buena puta ventanera, pues que no halla quien la ocupe y quiera.
Pan ajeno, caro cuesta.
Bueno está lo bueno.
Mal ajeno, para el nuestro no es consuelo.
El perfume bueno viene en frasco chico
Su ladrido es peor que un mordisco
No puedes impedir que las aves de la tristeza vuelen hacia ti, pero puedes impedir que aniden en tus cabellos.
Quien tiene madre, muérasele tarde.
Lengua del mal amigo más corta que cuchillo.
Una persona supero proteccionista tien infortunios (tener cuidado excedente invita desgracias).
Hablar con lengua de plata.
El tiempo no perdona a nadie.
Más vale muerte callada que desventura publicada.
Calle el que dio y hable el que recibió.
Del mismo santo, siempre oirás los mismos milagros.
No hay dos sin tres.
El que come y canta, tiene los enemigos en la garganta.
El de las piedras hace pan.
Cuando uno esta en malas, hasta la mujer se le niega.
La vida da muchas vueltas.
Genio y figura hasta la sepultura.
Paciencia y barajar.
Galgo que va tras dos liebres, sin ninguna vuelve.
Ni huerta en sombrío, ni casa junto al río.
Odios de mortales no deben ser inmortales.
En casa del pobre, ni vino ni odre.
Por pedir, nada se pierde.
Joven y peluquero, ¡pies para que os quiero!.
El que al asno alaba, tal hijo le nazca.
El que es pendejo ni de dios goza.
Al mal tiempo, alpargatas blancas.
Cuando se muere el gallo, la gallina a cualquier pollo se arrima.
Dios ayuda al marinero en la tempestad, pero el marinero debe estar al timón.
Lo pasado, pasado, y lo mal hecho, perdonado.
Mientras mees claro y pees fuerte no le temas a la muerte.
No digas: es imposible. Dí; no lo he hecho todavía.