Al pobre desnudo le valen más dos trajes que uno.
El cuchillo que no corta, si se pierde poco importa.
Todo se andará si la vara no se rompe.
Entiende bien la dicción, antes de armar discusión.
Para sana diversión no abuses de la ocasión.
No hay mejor condimento que el hambre.
No es nada, que del humo llora.
Sabios conocí; sabios para los otros y necios para mí.
Irase lo apetecido, y quedará lo aborrecido.
Que mi capa sea larga o corta, ¿qué te importa?.
Solo los pies del viajero saben el camino.
El trigo y la mujer a la candela parecen bien.
Quien no arde en llamas no inflama
Solo el más necio no aprende lo que los necios enseñan.
Nadie está contento con su suerte.
El orgullo puede estar oculto bajo un capa caída.
En enero, plante ajero; a finales, que no a primeros.
Cuando la vieja se alegra, de su boda se acuerda.
Después de comer miel, nada sabe bien.
El corazón en Dios y la mano donde se pueda.
Hambre y frío entregan al hombre a su enemigo.
En el amor como en las armas la confianza pierde al hombre.
¿Qué es la lengua en la boca del virtuoso? Es la llave que abre un tesoro.
En la casa del músico, hasta los gatos maúllan por nota.
Del ocio nace el feo negocio.
El dragón inmóvil en las aguas profundas se convierte en presa de los cangrejos.
Bien vivió quien bien se escondió.
Cada casa es un mundo, y cada cabeza una alcancía.
A mala cama, buen sueño.
Cargos son cargas.
De noche madrugan los arrieros.
De todas maneras, aguaderas.
El ojo del amante descubre una diosa en su amada
Nadie sabe como esta el fondo de la olla solo el cucharón.
Cuando se enciende el pajar viejo, más arde que el nuevo.
Abrígate en Febrero con dos capas y un sombrero.
A falta de trigo, venga centeno.
Los necios y los salmones siempre nadan contra la corriente.
Una mano y un pie no aplauden juntos.
A gana de comer, no hay mal pan.
En alquimia y en casar gran ventura es acertar.
Al comer, comamos, y al pagar, a ti suspiramos.
Eso no te lo despinta nadie.
El agua tiene babosas.
La puerta mejor cerrada es aquella que puede dejarse abierta.
Por Santa Brígida, levanta la cabeza la sabandija.
¡Qué buena cara tiene mi padre el día que no hurta.
Nada sabe su violín y todos los sones toca
No se tiene el alma de una amigo sin dar el alma
Más mueren de hartos que de faltos.