Caballo que es bueno, no ha de menester mucho sonar de su timbre.
Hablar con el corazón en la mano.
Coces de garañón, para la yegua cariños son.
Dijo el muerto al degollado: "¡A fe que estás apañado!".
Buenas palabras no hacen buen caldo.
Cerrado a cal y canto.
Gorrino, cochino y marrano, todos hermanos.
A la fuerza, ni los zapatos entran.
La pascua del aldeano, la barba hecha y el tejuelo en la mano.
El cobarde vive, el valiente muere.
Chicharra que canta, calor adelanta.
El chocolate excelente, para poderse beber, tres cosas ha menester: espeso, dulce y caliente.
Al niño besa quien besar a la madre quisiera.
Más quiero una salchicha que cien palabras bien dichas.
En las cosas del corazón, no manda uno, mandan dos.
Aviniente y crudo, que así lo quiere el cornudo.
Una sola vez no es costumbre.
Dicen y decimos que más vale un hermano que diez primos.
Obras vea yo; palabras, no.
Nos aburrimos porque nos divertimos demasiado
Cada uno canta como quiere.
Más vale pálido una vez que cientas colorado.
La vaca por el cacho y la mujer por la mama.
Si entre burros te conocen, rebuzna y de cuando en cuando tira coces.
Quien la gana sufre, quien lo encuentra goza.
Cucas y vino, higos sin tinto, y luego vino para el camino.
La mujer cuanto más pequeñita mejor
Una palabra al oído se oye de lejos.
Si los cocodrilos comen sus propios huevos qué harían con la carne de una rana.
Mucho sabe quien callar sabe.
El dolor embellece al cangrejo.
Dios dice ayúdate que yo te ayudaré.
Costumbres hacen leyes, que no los reyes.
El amor gobierna su reino sin espadas.
Maldición, y pulgón, y potra, y sabañón, en tal compañón.
Casadita y con hijos te quisiera ver, que doncella y hermosa cualquiera lo es.
Aunque no lo veamos, el sol siempre está.
Unos tener tanto y otros tan poco, propio es de este mundo loco.
Lluvia y nieve por enero, son anuncios lisonjeros.
Hombre prevenido vale por dos.
Entre hermanos que nadie meta la mano.
El que ríe el último, ríe dos veces.
Dale al diablo lo que es suyo: lujuria, envidia y orgullo.
Panal de miel las palabras amables, dulzura para el alma y medicina para el cuerpo.
El avaro desollaría a un piojo para obtener su piel.
El burro cayendo y el amo perdiendo, los dos se van entendiendo.
Campo bien regado, campo preñado.
Más vale ver una sola vez que oír cien veces.
No hay madre como la de uno mismo.
Frio, frio, como el agua del rio.