Fruta de huerta ajena, es sobre todas buena.
Buscar los tres pies al gato.
Toda demasía enfada y hastía.
Saca lo tuyo al mercado: uno dirá bueno y otro dirá malo.
Dime cuanto tienes y te diré cuanto vales.
Hay que poner remedio a tiempo.
No falta de que reirse.
Dos es compañía, tres multitud.
Si quieres ser estafado, paga por adelantado.
Esconder la ignorancia es hacerla crecer.
A diente cogen la liebre.
Una desgracia, a cualquiera le pasa.
A la mala hilandera, la rueca le hace dentera.
Haciendo y deshaciendo se va aprendiendo.
¡Qué alegre son el del bolsón!.
Gato que mucho se lava, anuncia agua.
La amabilidad es arma más noble para conquistar.
En tiempo de campaña, apaña.
Cosa hecha aprisa, cosa de risa.
Más se mira al dador que a la dádiva.
Una palabra aguda hiere más que un arma afilada.
Amigos que no dan y vecinos que no prestan, quedar mal poco cuesta.
Vaso quebrado, dura mucho porque no se usa.
La ocupación constante previene las tentaciones.
Volver a inventar la rueda.
Hacer como el carpintero: medir dos veces, para cortar una vez.
El ofrecer no empobrece, es el dar lo que aniquila.
Favor publicado, favor deshonrado.
Abril siempre vil; al principio, al medio y al fin.
Donde nada nos deben, buenos son cinco dineros.
Al mal encuentro, darle de mano y mudar asiento.
Otros vendrán, que bueno me harán.
Vale más ser ralos que calvos.
El que paga la primera ronda, se ahorra la cuenta de la cena.
La mujer siempre es más lista que el hombre que la conquista.
No ser escaparate de nadie.
Todos dan consejo y pocos lo toman.
Rápido y bien, no siempre marchan juntos.
El agua de San Juan quita aceite, vino y pan.
Haber muchos cocos por pelar.
A nuevos hechos, nuevos consejos.
Lo comido por lo servido.
El cuando y el pero es la herencia de los tontos.
Emprestaste, perdiste al amigo.
La pobreza es dura carga, pero hace callo a la larga.
En la tardanza está el peligro.
Lo que con ansia se alcanza, a la larga, también cansa.
Es más confiable la más pálida tinta que la más brillante memoria.
Caro compro y barato vendo; si tú no me entiendes, yo me entiendo.
Para el bien, de peña; para el mal, de cera.