Nadie aprende por cabeza ajena.
Si en verdad eres estrella, no te alumbres con tea.
Ya muy viejo Salomón, de un niño tomo lección.
La sed por el oro, socava el decoro.
Si un árbol cae, plantas otro.
Al vino y a la mujer, por el culo a poder ser.
Remienda paño y pasarás año.
Más listo y despierto que el ojo del tuerto.
Casa, viña y potro, hágalo otro.
Hablar hasta por los codos.
No está la Magdalena para tafetanes.
Cuando bebas, no manejes; se te puede dar vuelta el vaso.
Dios me libre de una manía, aunque sea de misa.
Quien se acerca al bermellón enrojece, quien se acerca a la tinta ennegrece.
Boca con boca se desboca.
Cada loco con su tema y cada lobo por su senda.
Encima de la cabaña todo daña.
El dar y el tener, seso ha de menester.
Hay que poner las cartas sobre la mesa.
Nadie da palos de balde.
El dinero del pobre, dos veces se gasta. El duro del casado vale dos cincuenta.
De usar y abusar, hay el canto de un real.
Variante: Salir de Guatemala y meterse en Guatepeor.
Buenas judías la Mancha las cría.
Obra acabada, maestro al pozo.
Tengo que aprender a caminar con tres patas dice la hiena cuando es vieja.
No hay como la casa de uno
Decir refranes es decir verdades.
Campana cascada, nunca sana.
De quien habla a tiento, disparates sin cuento.
Renuncia solo cuando estés bajo tierra
A balazos de plata y bombas de oro, rindió la plaza el moro.
Variante: Caridad y amor no quieren tambor; en silencio viven mejor.
Zamarra vieja, más calienta que una nueva.
El que escupe para arriba en la cara le cae.
Más aburrido que mico recién cogido.
Amor de puta y convite de mesonero, siempre cuesta dinero.
Costurera mala, la hebra de a vara.
El hábito no hace al monje.
Quien miente, no habla lo que siente, sino lo que quiere.
El que esperar puede, alcanza lo que quiere.
Cabeza loca, la pierde su boca.
Cualquiera está en su deber, de no dejarse joder.
Amor de corneta, de diana a retreta.
Alábate, mierda, que el río te lleva.
Mira si tengo talento, que he puesto una casa de putas debajo del ayuntamiento.
Por San Andrés, corderillos tres.
Cuando el tabernero vende la bota, o sabe a la pez o esta rota.
A caballo corredor y hombre reñidor poco le dura el honor.
Ojo por ojo, diente por diente.