La que en Marzo veló, tarde acordó.
El juego pone a prueba el oro, y el oro pone a prueba el juicio.
Ante un acuerdo, cuídate de que una de las partes no quede con la espada y la otra con la vaina.
El que dice la verdad, ni peca ni miente.
Tener dolor de muelas detrás de la oreja
Oficio que no mantiene a su amo, vaya al diablo.
Hacer algo de cayetano.
Cada pueblo tiene el gobierno que se merece.
Los hombres ganan la hacienda, y las mujeres la conservan.
Cuanto más primos, más adentro.
Perdona el error, pero no lo olvides.
A un hombre no se le puede juzgar por las apariencias.
El que por su gusto muere ni camposanto merece.
El que jura miente.
Cada maestrillo, tiene su librillo.
Quien da lo suyo antes de la muerte, que le den con un mazo en la frente.
Como las monjas de mi lugar: ni papel romper ni cuerda tirar.
Las manos del oficial envueltas en cendal.
Dar a la tierra el grano, para que retorne la mazorca.
En casa llena sienta bien la torta ajena.
Dichoso quien escarmienta en cabeza ajena.
Ahogado el niño tapan el pozo.
Hasta las penas severas, con plata son llevaderas.
Abierto el cajón, convidado está el ladrón.
A este le dicen Zapata... si no la gana la empata.
¿Quién decide cuando los médicos no se ponen de acuerdo?
De la mujer el consejo apresurado, del hombre el postrero y mesurado.
Por Navidad un paso de pájaro, por San Antonio [Abad] (patrón de la isla) un paso de demonio y por San Juan un paso de gigante.
A la chita callando, hay quien se va aprovechando.
Hay quien las mata callando.
Dale las gracias al que te hace justicia porque no te hace injusticia.
Casarás y amansarás.
La mula con mataduras, de lejos ve venir las urracas.
El burro sabe a quien tumba y el diablo a quien se lleva.
Cada malo tiene su peor.
Todo hombre que quiera mentir, gran memoria debe tener.
Quien bien imagina, llámese adivina.
Cuando todo ha pasado, solo la verdad y el honor permanecen.
Llegaste como agua en Mayo.
El pecado te acusa.
Del cura, lo que diga; del médico, lo que haga; y del boticario ni lo que diga ni lo que haga.
A las mujeres bonitas y a los caballos buenos los echan a perder los pendejos.
Cierre tras sí la puerta quien no la halló abierta.
Para sabio Salomón.
El casado en su casa, y el muerto en la mortaja.
Quien la haga que la pague.
Para el particular, paso regular. Para el contratista, vista. Para el Ayuntamiento, paso lento. Pa la Diputación, buena canción. Pal Estáu, echáu.
La palabra emitida no puede recogerse.
Acaso nuevo, consejero nuevo.
El maíz que se coge en esa tierra se puede dejar pilar en el culo de una aguja de arria.