Limando se consigue de una piedra una aguja
Culo sentado, hace mal mandando.
La red justiciera tendida por los cielos es omnipresente, y sus mallas, aunque ralas, no dejan escapar a nadie.
A quien paga adelantado, mal le sirve su criado.
Los frutos más hermosos los da el árbol más viejo Los hombres convengan, por la ley lo tengan.
Detrás de la mala suerte viene la buena.
Hombre prevenido vale por dos y pareja desprevenida vale por tres.
De mi maíz ni un grano.
No se envía a un muchacho a recoger miel
El que a pueblo ajeno va a casar, o va engañado o va a engañar.
Calenturas de Mayo, salud para todo el año.
Donde hubo fuego, cenizas quedan.
Esa muchacha caraja, no presta el hacha ni raja.
A cada cual mate su ventura, o Dios que le hizo.
Saco lleno no se dobla. Saco vacio no se para.
Ni quito ni pongo rey.
Salud y fuerza en el canuto.
Una casa de blanquea en mayo, el mejor tiempo del año.
No pica la abeja a quien en paz la deja.
Cuando dos elefantes riñen la que se lamenta es la hierba.
A lo hecho, pecho.
El toro y el gallo en el mes de Mayo.
Malo es el zamarro de espulgar, y el viejo de castigar.
Matar un tigre.
La letra mata, su sentido sana.
Con cuatro que obedezcan, uno que mande.
¿Fiado?. Mal recado.
Olla que hierve arrebatada, olla malograda.
Donde no hay escritura, no hay obligación. Porque las palabras se las lleva el viento.
El hombre es esclavo de lo que dice y dueño de lo que calla.
Abril lluvioso hace a Mayo hermoso.
Cuando uno no sabe bailar, dice que el suelo está húmedo.
En mi gusto y en mi gana, ni mi tata ni mi mama.
Breve habla el que es prudente.
El que fía o promete, en deudas se mete.
Mayo sozona los frutos y Junio los acaba de madurar, y en él comienzan a coger y a lograr.
Dar una de cal y otra de arena.
Zorrilla tagarnillera, hácese muerta por asir la presa.
La boca rige la tierra, pero el mar lo rige la mano.
Un abogado y un asno, saben más que un abogado.
O bien o mal, va a lo suyo cada cual.
Es lo peor poner a un indio a repartir chicha.
Casa que al amanecer no está abierta, es colmena muerta.
Más ordinario que una monja en guayos.
El que ama a una casada, puede morir de cornada.
Hija que se casa, la casa paterna arrasa.
Hay que darle el beneficio de la duda.
Una de cal y otra de arena, y la obra saldrá buena.
La mala fe, no pare hembra.
Cuando se enojan las comadres, se dicen las verdades.