Quien no madruga, no caza boruga.
Tirado el pedo, buena gana es apretar el culo.
Amor, El de asnos hace sabios, y de sabios hace asnos.
Ninguna situación es tan grave que no sea susceptible de empeorar.
A cada renacuajo dio Dios su cuajo.
Recorre a menudo la senda que lleva al huerto de tu amigo, no sea que la maleza te impida ver el camino.
Miel sobre hojuelas. (para indicar que algo es muy bueno)
Noche toledana. (Irse de farra).
El que presume de honrado, presume de desgraciado.
Jornada emprendida, medio concluida.
Lo que se pierde a la salida del sol se recupera a su puesta.
Por pulido que sea, no hay culo que no pea.
Cambio de costumes, gran pesadumbre.
Arriba, siempre arriba, hasta las estrellas
Las pinturas y las peleas míralas desde lejos.
Tripa vacía, suena pronto.
Lo que no hurtaron ladrones, aparece en los rincones.
Entre la cuna y la sepultura no hay cosa segura.
Te cierran una puerta y te abren diez.
El que da lo que tiene no está obligado a dar más.
Estoy como la tamalera, que me va más, que me va mal; pero como del tamal.
Hasta meter, prometer; y después de metido, se acabó lo prometido.
Para quien es mi hija, basta mi yerno.
Si una mujer no se guarda, ¿quién la guarda?.
Esto fue como llamarada de petate.
Boca abierta, dientes de oro.
Todas las cosas tienen un fin, excepto las salchichas, que tienen dos.
Las cartas y las mujeres se van con quien quieren.
Boca sucia no habla limpio.
El más cuerdo, más callado.
Que todo es ilusión menos la muerte.
Quien no sabe mentir cree que todos dicen la verdad
Agua del cielo no quita riego.
El viento y la marea no esperan a nadie.
Trabajar, solo con la muerte puede acabar.
Este dicho lo dijo Valentín y ni cuenta me di.
Cada vez que uno ríe quita un clavo del ataúd
La fea graciosa vale más que la bonita sosa.
El cordero manso mama a su madre y a cualquiera; el bravo ni a la suya ni a la ajena.
Te casaste, te frego.
El avariento nunca está contento.
No hay mudanza que pueda bien hacerse sin dosis buena de templanza.
Canten calandrias o les apachurro el nido.
El rayo y la maldición dejan sana la ropa y queman el corazón.
Quien compra ha de tener cien ojos; a quien vende le basta uno solo.
¿Compare, la burra, pare o no pare?.
Nunca amarga el manjar por mucho azúcar echar.
Carro que se rompa en llano, de atrás le viene el daño.
Siéntate a la puerta de tu casa a esperar, y verás el cadáver de tu vecino pasar.
El muerto a la sepultura y el vivo a la travesura.