Febrerillo el loco, que sacó a su padre al sol, y lo aporreó.
Ni hierba en el trigo ni sospecha en el amigo.
Colgar los guayos.
Arriba canas y abajo ganas.
Las tres cabezas más duras: la mujer, la cabra y la burra.
Riqueza trabajosa en ganar, medrosa en poseer, llorosa en dejar.
Sabiduría y desengaños, aumentan con los años.
Incluso si el cielo se derrumba, habrá un agujero.
Paso a paso se hace camino al andar.
Cuatro cosas tenemos en mayor cantidad de lo que creemos: enemigos, deudas, años y pecados.
En un momento, al fin del mundo te lleva el pensamiento.
Tronar como un arpa vieja.
Lo cortes, no quita lo valiente.
La gloria no estriba en no fracasar nunca sino en levantarse cada vez que caigas.
Con las buenas palabras nadie come.
Donde hay burro muerto, no faltan cuervos.
Cuando el sol sale, para todos sale.
El hombre por el traje, la perdiz por su plumaje.
Hasta que no muera el arriero, no se sabe de quién es la recua.
Al mejor nadador se lo lleva el río.
El cazador que habla demasiado, va a casa de vacío dio.
Los caballos blancos y los pendejos, se distinguen desde lejos.
Un día menos, una arruga más.
Un mal candado llamará a la ganzúa.
La leche le dijo al vino: vente, amigo.
El buey busca la sombra; porque la sombra no lo busca a él.
Si entre burros te conocen, rebuzna y de cuando en cuando tira coces.
Los hombres, a la vejez, tornan a la niñez.
Si la envidia fuera tiña, cuántos tiñosos habría.
Ya vienen los dos hermanos, Moquita y Soplamanos.
La sabiduría viene de escuchar, de hablar el arrepentimiento.
Más vale acostarse sin cena que levantarse con deuda.
Guarda y no prestes; porfía y no apuestes.
Chivo que se devuelve se esnuca.
El que no arriesga, no pasa el río.
La felicidad de una casa tranquila se valora cuando la paz deja de existir
Nunca llueve hasta que Dios no quiere.
Alguien se puede salvar de un rayo; pero de la raya no.
Lo mismo dijo un fraile y se la clavaron en el aire.
Cada paso que da el zorro le acerca más a la peletería.
Pan, uvas y queso; saben a beso.
El sabio puede sentarse en un hormiguero, pero solo el necio se queda sentado en él.
Le dijo la rana al pez: "no me pillarás otra vez".
No fíes ni porfíes, ni prometas lo incierto por lo cierto.
No hay cielo sin nubes, ni paraíso sin serpiente.
Nadie tira piedras a su propio tejado.
Para quien roba un reino, la gloria; para quien roba un burro, la horca.
El que su nariz acorta, su cara afea.
Dios nos da las manos pero no construye los puentes
Algo es el queso, pues se da por beso.