El Señor no deja sin comer al justo, pero frustra la avidez de los malvados.
Quien no arde en llamas no inflama
Septiembre muy mojado, mucho mosto pero aguado.
El amor mueve montaña.
Colorín colorado el cuento esta acabado.
Odia el pecado y compadece al pecador.
Ser el último orejón del tarro.
De Cristo a Cristo, el más apolillado se raja.
Norte claro, sur oscuro, aguacero seguro.
Que no te preocupe de quién es la casa que se quema mientras puedas calentarte con las llamas
Sirve de poco hacer mucho, pero no lo que se debe.
El diablo nunca duerme.
El árbol deshojado es el amante de los ciclones.
Sufre callando lo que no puedes remediar hablando.
Insinuación de rey, como si fuera ley.
Cuando las olas se han aquietado y el agua está en calma, entonces se refleja la luz y se puede vislumbrar el fondo.
Proyecta como si fueras a vivir 100 años, pero vive como si fueras a morir mañana.
Las desgracias tienen los oídos sensibles
No hay cambios sin inconvenientes, aun de peor a mejor
No gusta del beso y estira el pescuezo.
Después de un gustazo, un trancazo.
Proclamo en voz alta el libre pensamiento, y que muera el que no piense como yo
No es lo mismo llamar al Diablo, que verlo venir.
A santos viejos no se les prenden velas o Santo viejo no hace milagro
Donde no hay celos no hay amor.
Yo soy un señor, tú eres un señor, él es un señor, somos todos señores, ¿pero quién almohaza al caballo?
Desconfía del médico joven y del barbero viejo.
Un hombre debería hacernos la vida y la naturaleza más agradables; si no no hacía falta que naciese
A todo marrano le llega su diciembre.
Un apóstol en el cielo y un escribano en el suelo.
A caballo regalao no se le mira el cormillo.
Los tontos, si callan, lo parecen menos.
Del escuchar procede la sabiduría, y del hablar el arrepentimiento.
En Diciembre, se hielan las cañas y se asan las castañas.
Pobre no es aquel que tiene poco, sino aquel que teniéndolo todo, quiere aún más.
Las prendas de ropa son alas.
La práctica hace al maestro.
A la vuelta de la esquina, ¡adiós al amigo!
Haz lo que diga el fraile y no lo que hace.
El demonio no duerme.
Perdiendo aprendí; más vale lo que aprendí que lo que perdí.
No todo lo que pendula cae
Las cartas que una mujer desea recibir de un hombre son aquellas que él no debería escribir jamás.
Sarna con gusto no pica.
Otoñada segura, San Francisco la procura.
Las penas de amor las quita el licor
El deber se reconoce fácilmente: es aquello que menos deseamos hacer
Tu casa puede sustituir al mundo; el mundo jamás sustituirá a tu casa.
El consejo del padre capuchino: con todo lo que comas, vino.
Nosotros, perros de casa, hemos matado a la liebre, dice el perro faldero.