El que hace trampas jugando, al infierno se va caminando.
Alcaraván zancudo: para otros consejo, para ti, ninguno.
Ofensa hace a los buenos quien a los malos perdona.
Ten cuidado que un perro negro no se meta en medio
Cuando siembres siembra trigo que chícharos hacen ruido.
Irse con la música a otra parte.
Es más fácil plantar que recoger, pero solo se recoge aquello que se ha plantado.
A buenos ocios, malos negocios.
Ahorrar no es solo guardar sino saber gastar.
El Señor no deja sin comer al justo, pero frustra la avidez de los malvados.
Cuando en el cielo oscuro hay ventanas, de llover no hay ganas.
Bizcocho de monja, fanega de trigo.
¡Oh!, Virgen del buen consejo, ayúdale al más pendejo.
Una hierba es una planta cuyas virtudes esperan para ser descubiertas.
De Gumiel de Izán, ni hombres ni pan.
Jamás digas: nunca jamás.
Arrieros somos y en el camino andamos.
Salud y alegría belleza cría, atavío y afeite cuesta dinero y miente.
El que teme a sufrir, sufre de temor.
El hilo siempre se corta por lo más delgado.
Entre los seres que odian, deberemos vivir sin odio.
Mandar quiero, aunque sea en un gallinero.
Sirva de algo mientras se muere.
Usted lea en su libro, que yo leo en el mío.
La edad de oro nunca es la presente.
Sabio en latín y tonto en castellano.
Si entre burros te conocen, rebuzna y de cuando en cuando tira coces.
Costumbres de mal maestro sacan hijo siniestro.
Comamos y amemos, y no nos engañemos.
Alas tenga para volar, que cebo no me ha de faltar.
Más vale salto de mata que ruego de hombres buenos.
Abad de Somosierra, hartos de nabos y berzas.
Zurciendo y remendando, vamos tirando.
Si el vino es fragante, no importa que se venda al fondo de un largo callejón.
A cada cajón, su aldabón.
Lo cortes, no quita lo valiente.
No te mofes de los viejos, que de ellos no estamos lejos.
Quien no llora, no mama!
Al tomar mujer un viejo, o tocan a muerto o a cuerno.
Humildad y fiereza, todo en una pieza.
Los que abren la boca son los que menos abren el corazón.
Calentar el horno para que cueza otro, es de hombre bobo.
La alegría da resplandor a la piel de la cara
Castañas, noces e viño, fan a ledicia de san Martiño.
Aborrecer tras haber querido, mil veces ha sucedido y mil más sucederá.
¿Qué hemos de hacer?. Descansar y tornar a beber.
El que fía, o pierde o porfía.
No debe de cambiarse de caballo al pasar el río.
Antes de casarte abre bien los ojos, después cierra uno.
A falta vieja, vergüenza nueva.