A fuerza de martillar, el herrador deja de herrar.
A la pereza persigue la pobreza.
Si quieres ser señor, que tu mujer sea mejor.
Domingo, domingo, día de pingo.
Todos obedecen con gusto cuando el que manda es justo.
La frugalidad es una fortuna por sí misma.
En llegando la Ascensión, ni merluza ni salmón.
Es mejor empezar en la noche que no empezar.
No hay año sin desengaño.
Ni lleves cohecho, ni sueltes derecho.
El buen vecino, arregla el camino.
Perro viejo no ladra en vano.
Nunca acaba el que nunca empieza.
A golpe de mar, pecho sereno.
Al mal trabajador no le viene bien ningún azadón.
Por el interés te quiero Andrés.
Si tu mujer trabaja, no tienes con que espantarla.
Quien quiera mujer eterna que se case con una enferma.
No puedes enderezar el mundo con tu hombro.
Cuando el necio es acordado, el mercado ya ha pasado.
A quien con malos anda no le arriendo la ganancia.
En guerra los estados, los libros cerrados.
Aquel que ha hecho una puerta y un cerrojo, también ha hecho una llave.
Si quieres agrandar los campos de la felicidad, comienza por nivelar tu corazón.
Si uno no entra en la guarida del tigre, ¿cómo podrá apoderarse de sus cachorros?
Gasta más el pobre en hilo, que el rico en tela.
A hora mala no ladran canes.
El necio o no se casa o se casa mal.
No lastimes a los demás con lo que te causa dolor a ti mismo.
Cuenta tus faltas y deja las ajenas.
Si haces planes para un año, planta arroz. Si haces planes para diez años, planta árboles. Si haces planes proyectando una vida entera, educa a las personas.
Cada cabeza es un mundo.
Hasta lo que no come le hace daño.
El que evita la tentación, evita el pecado.
El que ambiciona lo ajeno, pronto pierde lo propio.
Quien hace un cesto hace cien.
Dar la última mano.
Malo es esperar bien de muerte ajena.
El caballo malo hay que venderlo lejos.
Bueno es dar, y sin embargo, no conviene ser muy largo.
Juicios tengas, y los ganes.
Si los hombres estuviesen tan satisfechos de su suerte como de sí mismos, serían en su mayoría felices
Salud y pesetas salud completa.
Quien hace bien al astroso, no pierde de ello, más piérdelo todo.
El tahúr no juega limpio.
El bambú por dentro está vacío y le cuelgan las hojas
El insensato que reconoce su insensatez es un sabio. Pero un insensato que se cree sabio es, en verdad, un insensato.
Males comunicados, suelen ser remediados.
No hay árbol que el viento no haya sacudido.
Dios me guarde de mis amigos, que de mis enemigos ya me cuido yo.