Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo pequeñas cosas, puede cambiar el mundo.
Una vez al año, y ésa con daño.
A la mar madera, y huesos a la tierra.
Quien caza sin perros, se pierde en los cerros.
Cuidado, que antes de ser cura fui monaguillo.
Buenas cartas a veces pierden.
El día nunca retrocede de nuevo.
Todos somos parte de una prodigiosa unidad
En la viña del Señor, hay de todo, menos uvas.
La muerte regalos no prende.
Esta muy pelón el indio para poder hacerle trenzas.
Del mismo santo, siempre oirás los mismos milagros.
De lo que más te salga al paso, no hagas caso.
Cabeza grande, poco seso y mucho aire.
Cuando se monta un elefante, no molesta el rocío.
La desgracia a la puerta vela, y en la primera ocasión, se cuela.
En casa como porquero, y en la calle, caballero.
No llenarás bien la panza, si antes no haces matanza.
Quien ahorra una peseta cuando puede, tiene un duro cuando quiere.
Nada sacar y mucho meter, receta segura para crecer.
No muestres, ni al más amigo, los lunares de tu ombligo.
El sabio es menospreciado y el necio rico estimado.
Es buenísismo el amigo y bueno el pariente, pero se pierden cuando ya no queda nada
Los verdaderos amigos son los que tenemos en el bolsillo
Ni mula con tacha, ni mujer sin raza.
La envidia acorta la vida.
El labrador que quiera empobrecer, a sus criados deja de ver.
No vacíes tu vientre a todo el mundo ni dañes la consideración que de ti tienen.
El buey para arar, el pájaro para volar, el pez para nadar y el hombre para trabajar.
De esperanzas vive el hombre, pero muere de desilusiones.
Quien se levanta tarde, estará corriendo todo el día.
Ni caballo patiblanco, ni tierra falduda.
Yo que callo, bien en mis adentros hablo.
Quien hace leña en ruin lugar, a cuestas la ha de sacar.
Callar y callemos, que los dos porque callar tenemos.
Amigo, no de mí, sino de lo mío, lléveselo el río.
Consejo de quien bien te quiere, escribelo aunque no lo apruebes.
De todos es la huerta que no tiene cerca ni puerta.
El amor de un hombre por una mujer se desvanece como la luna, pero el amor de un hermano por un hermano es permanente como las estrellas y perdura como la palabra del profeta.
Donde no hay muerte, no hay mala suerte.
Amistad de hombres leales, solo perdura entre iguales.
Panadera érades antes, aunque ahora traéis guantes.
La alegría alarga la vida; las penas la menguan.
No hay gallina ponedora, que ponga un huevo cada hora.
A bien dar o mal dar, por no pedir no ha de quedar.
Pronto será un limosnero el que no puede decir no.
El que quiere a China quiere a Mao. El que no ama a China no ...
El lunes, ni las gallinas ponen.
El corazón que sabe temer sabe acometer.
La ley es como los perros: que solo muerde a los de ruana.