El vergonzoso se muere de hambre entre dos panes.
Al que le caiga el sayo, que se lo ponga.
Para volver a la buena senda, cualquier hora es buena.
Cada uno se apaña según tiene maña.
Abstente de mudar los límites de los campos, para que un terror no te arrebate. Se satisface al Dios con la voluntad del señor (responsable) que establece los límites de la tierra arable.
El sol de enero, poco duradero.
Salamanca, a unos sana y a otros manca y a todos deja sin blanca.
El gato escaldado, del agua fría corre.
Quien a su tiempo descansa, rinde el doble y no se cansa.
Las mujeres buenas no tienen ojos ni orejas.
Al bueno, porque te honre, y al malo porque no te deshonre.
El que sabe, sabe y el que no aprende.
Pisarás el umbral del bienestar, cuando empieces a sentirte satisfecho con apenas nada.
Ni puta seas, y hagas las semejas.
Más matan cenas que guerras.
Viejo que buen vino bebe, tarde muere.
Dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma opinión.
Todos nacemos llorando y nadie se muere riendo.
Juntarse el hambre con las ganas de comer.
Pronto y bien no hay quien.
En tierra de Medina el que gasta en vino blanco se lo ahorra en medicina.
El que se prepara para lo malo, lo recibe preparado y amortigua el golpe.
No se hablar, y me mandas predicar.
Deja a la gente que está muriendo y acude a la que está pariendo.
Llámame tío, pero no cuentes con nada mío.
Lentejas, comida de viejas.
A la mañana los montes, y a la tarde las fontes.
El que para pobre está apuntao, igual le da estar de pie que sentao.
Al santo que no me agrada, ni padre nuestro ni nada.
Dios le da maíz a quien no tiene gallinas.
Nadie está contento con su suerte.
El loco, por la pena es cuerdo.
Dale que le das; que importunando mucho, algo sacarás.
De Marzo a la mitad, la golondrina viene y el tordo se va.
La cama guarda la fama.
Encomienda sin renta, a su dueño no sustenta.
Amigo indiscreto, ni es buen amigo ni guarda secreto.
No ojos que lloran, sino manos que laboran hacen falta para remediar males.
De quien mira al suelo, no fíes tu dinero.
El flojo trabaja doble.
Donde pone el ojo, pone la bala.
Dale con que va a llover.
Cielo a lana, si no llueve hoy lloverá mañana.
Ya los muertos no son nuestros, ni los vivos buenos amigos.
Agua, como buey; y el vino, como rey.
Secreto tan solo es lo que sabemos dos: Dios y yo.
Las cosas se parecen a sus dueños.
Con salchichón, siempre es ocasión.
La envidia acorta la vida.
Hoy no se fía aquí, mañana sí.