El mosquito no se apiada del hombre, por más flaco que esté.
A la feria muchos van a ver y no a comprar.
Quien a heredar aspira, larga soga estira.
Al fregar los platos solo acuden los mentecatos.
El mejor adorno es, la modesta sencillez.
Cavas tu tumba con los dientes.
Aún no asamos y ya pringamos.
La vida pende de un hilo.
Cuando no hay un enemigo interior, los enemigos exteriores no pueden hacerte daño.
Abrígate en Febrero con dos capas y un sombrero.
Fortuna gira sobre una rueda, que nunca está queda.
Ratones nos dé Dios, y gatos nos los daremos.
Holgad tenazas; que muerto es el herrero.
La manera de ver la luz divina es apagar tu propia vela.
Errar es humano.
La buena lectura, distrae, enseña y cura.
Dios me libre de una manía, aunque sea de misa.
Más vale ser un pobre hombre, que un hombre pobre.
Cada cosa nace para su semejante.
Sobre mojado llueve, y sobre seco a veces.
El harto no se acuerda del ayuno.
La leche cocida, tres veces subida.
Hermoso cagar de ventana, el culo para la calle.
Ni vive, ni deja vivir.
Libros cerrados, no hacen letrados.
No hay pero que valga.
Vuelve a tu menester, que zapatero solías ser.
Más vale callar que con borrico hablar.
En casa llena sienta bien la torta ajena.
Regala a la gata y te saltará a la cara.
Fiado has, tu pagarás.
Uno a ganar y cinco a gastar, milagrito será ahorrar.
Inteligencia y belleza: gran rareza.
Los mejores bienes, en ti mismo los tienes.
Juego de manos, rompedero de ano.
Gana al que te quiere mal, y tendrás un amigo más.
Vejez y hermosura nunca se vieron juntas.
La ausencia causa olvido.
Se cree el bizco rey entre los ciegos.
Sobre mojado, llueve.
Quién guisa antes del Shabbat, comerá en shabbat.
Ni en Agosto caminar ni en Diciembre navegar.
El hambriento, por sorber algo, sorbe el viento.
Hasta las penas severas, con plata son llevaderas.
Nobleza, obliga; y agradecimiento liga.
A grandes penas, pañuelos gigantes.
Una simple chispa puede iniciar un fuego que arrase la pradera.
Cuando Junio llega, prepara la hoz y limpia la era.
Jaulas y cárceles, ni para los ángeles.
El sabio puede sentarse en un hormiguero, pero solo el necio se queda sentado en él.