La amante ama un día, la madre toda la vida.
De buena casa, buena brasa.
No son todos ruiseñores los que cantan entre las flores.
Nada es barato sin una razón.
En mi casa mando yo que soy viudo.
Los hombres envejecen cuando sus lamentos reemplazan a sus sueños.
A cada cañada le llega su añada.
Nunca falta un roto para un descosido.
Al que madruga, le da sueño más temprano.
El sol quema la espalda; el hambre el vientre.
Tres cosas echan al hombre de su casa: El humo, el frio y la mala esposa.
Dar en el clavo.
El padre para castigar y la madre para tapar.
Siembra por San Lorenzo los nabos, y llenarás el carro.
Por carne, vino y pan, deja cuantos manjares han.
Cada gitano que se coma sus mierdas.
En las cosas del corazón, no manda uno, mandan dos.
Para la hormiga el rocío es una inundación.
Baco, Venus y tabaco ponen al hombre flaco.
Moza reidora, o puta o habladora.
Tal queda la casa de la dueña, ido el escudero, como el fuego sin trashoguero.
El arado rabudo, el arador, barbudo.
Tan cabrón se es con un cuerno como con dos.
Hombre que vive de amor y vino, que no se queje de su destino.
Se cree el bizco rey entre los ciegos.
Los langostinos, en el mar estaban y ya pedían vino.
Una cabra no puede llevar la cola de otra cabra.
El que escupe para arriba, le cae la saliva en la cara
Dar la soguilla para sacar la vaquilla.
Mal agüero, antes las berzas que el granero.
Las lágrimas de una viuda rica se secan pronto.
Solo los recipientes vacíos resuenan y se oyen a gran distancia
Cada hombre deja sus huellas.
Enero desaloja las camas
A dos días buenos, cientos de duelos.
El amor enseña incluso a un cura a bailar
Perro que ladra no muerde. (Mientras ladra)
Los pájaros del mismo plumaje se reúnen en bandada.
Por Santa Catalina, respigos y sardinas.
Maestre por maestre, seálo éste.
El padre desvergonzado, hace al hijo mal hablado.
Viejo que se casa con mujer moza, o pronto el cuerno, o pronta la losa, si no son ambas cosas.
Reza, pero no dejes de remar.
Habladas o escritas las palabras, sobran las que no hacen falta.
Antes de que la luz del sol pueda brillar a través de la ventana, deben levantarse las persianas.
Ni mesa sin vino, ni sermón sin agustino.
Del dicho al hecho hay largo trecho.
Ten tu mano pronta para echarla al sombrero, y tardía para meterla en el bolsillo.
Aunque se pudran las uvas, siempre habrá vino pa' zurras.
Dios, cuando hizo el tiempo, lo hizo de sobra.