La pobreza no es vileza, más deslustra la nobleza.
La prisa se tropieza en sus propios pies.
Gente de trato llano, esa es de mi agrado.
Guárdate de la furia de una mujer despechada.
El malo come pechugas y el bueno come lechugas.
El cazador no se frota con grasa y se pone a dormir junto al fuego.
A veces vivimos nuestra vida sintiéndonos encadenados, sin saber que nosotros tenemos la llave.
Una cuchilla desafilada hará a veces lo que no puede hacer un hacha afilada.
Tras el buen comer, ajo.
Vale más tener que no desear.
Sospechar y temer, enemigos del placer.
Poco mal y bien quejado.
La cabra siempre tira al monte y no se resbala por el peñasco.
Harto fue de desgraciada la que nunca la dijeron nada.
A dádivas, no hay acero que resista.
Es tonta la oveja que va a confesarse con el lobo.
El hombre está hecho para el trabajo y el ave para volar.
Niño mimado, niño mal educado.
Yo no sé bailar, pero me sacan mucho.
Vive tu vida y no la de los demás.
Buenas cuentas, conservan amistades.
Como quiera que te pongas siempre tienes que llorar.
Apostar por necesidad, perder por obligación.
El hombre que consigue ver las cosas pequeñas tiene la mirada limpia.
De solo aire no vive nadie.
Comer poco y beber menos, a lujuria ponen freno.
Se lastiman a sí mismos los que hacen daño a los demás.
No entres de golpe en casa ajena: llama a la puerta y espera.
Los errores del que cura, con la tierra han cobertura.
El ocioso vale para la plaza pero no para el trabajo.
Cuida bien a tu amigo y no menosprecies a tu enemigo.
Al hombre pobre, la cama se lo come.
Quieres más o te guiso un huevo.
Frio, frio, como el agua del rio.
Al que le venga el guante que se lo calce.
Hacerse de la vista gorda.
Exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás. Así te ahorrarás disgustos. (Confucio, 551-479 a. C.)
A quien dan no escoge y eran cuchilladas.
El hambre mató a pocos; la hartura a muchos.
Mala es la guerra para los que tienen un hijo en ella.
Algún día, ahorcan blancos.
Puede usar quien tenga en gana, su culo de palangana.
En nombrando al rey de Roma, luego asoma.
El puerco y el noble, por la casta se conocen.
Donde acaba la pereza, la prosperidad empieza.
Quien tiene las hechas, tiene las sospechas.
Cada uno como pueda se explique, y se rasque donde le pique.
Se ve la paja en el ojo ajeno y no se ve la viga en el propio.
¡Este no es mi Juan, que me lo han cambiao, aquél tenía pelo y este está pelao!.
Repartamos así: para ti la Justicia y el favor para mí.