No tiene el corazón amor postrero, siempre el último amor es el primero.
Alcalde de monterilla, ¡ay de aquel que por su acera pilla!.
Es tonta la oveja que va a confesarse con el lobo.
La prisa se tropieza en sus propios pies.
Poco mal y bien quejado.
Tras el buen comer, ajo.
Harto fue de desgraciada la que nunca la dijeron nada.
La cabra siempre tira al monte y no se resbala por el peñasco.
Niño mimado, niño mal educado.
Vale más tener que no desear.
Al buen amanecer no te lo dejes perder.
Adorar al sol que nace, todo el mundo lo hace; al sol que muere, nadie lo quiere.
A dádivas, no hay acero que resista.
Cielo aborregado, suelo mojado.
A veces vivimos nuestra vida sintiéndonos encadenados, sin saber que nosotros tenemos la llave.
Gente de trato llano, esa es de mi agrado.
El hombre está hecho para el trabajo y el ave para volar.
Quieres más o te guiso un huevo.
Apostar por necesidad, perder por obligación.
Yo no sé bailar, pero me sacan mucho.
El hambre mató a pocos; la hartura a muchos.
Exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás. Así te ahorrarás disgustos. (Confucio, 551-479 a. C.)
Al hombre pobre, la cama se lo come.
El ocioso vale para la plaza pero no para el trabajo.
Cuida bien a tu amigo y no menosprecies a tu enemigo.
Buenas cuentas, conservan amistades.
Se lastiman a sí mismos los que hacen daño a los demás.
Comer poco y beber menos, a lujuria ponen freno.
Sospechar y temer, enemigos del placer.
Como quiera que te pongas siempre tienes que llorar.
Mala es la guerra para los que tienen un hijo en ella.
Los errores del que cura, con la tierra han cobertura.
Vive tu vida y no la de los demás.
No entres de golpe en casa ajena: llama a la puerta y espera.
El hombre que consigue ver las cosas pequeñas tiene la mirada limpia.
El puerco y el noble, por la casta se conocen.
A quien dan no escoge y eran cuchilladas.
Al que le venga el guante que se lo calce.
Hacerse de la vista gorda.
De solo aire no vive nadie.
Algún día, ahorcan blancos.
Frio, frio, como el agua del rio.
Hombre chiquitín, bailarín y mentirosín.
En nombrando al rey de Roma, luego asoma.
No des consejo a quien no te lo pide.
Donde acaba la pereza, la prosperidad empieza.
¡Este no es mi Juan, que me lo han cambiao, aquél tenía pelo y este está pelao!.
Oveja harta de su rabo se espanta.
Repartamos así: para ti la Justicia y el favor para mí.
Se ve la paja en el ojo ajeno y no se ve la viga en el propio.