¿Tienes té y vino? Tus amigos serán numerosos
La risa se oye a mayor distancia que el llanto.
Quien siembra, siega.
Abejas sin reina, la colmena en ruina.
La ventura de la barca, la mocedad trabajada y a la vejez quemada.
Hace más ruido un árbol cayendo que un bosque creciendo.
Reniego de grillos, aunque sean de oro fino.
Con tontos, ni a coger hongos.
Agrandado como alpargata de pichi.
Piden de comer, piden de beber, afilan el diente, enjugan el vientre y ponen las mejillas coloradas: éstas son las cinco virtudes de las tostadas.
A gente villana, pocas palabras y ésas, claras.
Unas veces riendo y otras llorando, vamos pasando.
Una a una, pronto se le acaban al racimo las uvas.
Buen vino y sopas hervidas, le alargan al viejo la vida.
Bien sabe el asno en que casa rebuzna.
Aceitunas: una oro, dos plata, la tercera mata.
Santa tú y santo yo, el diablo nos juntó.
Regostóse el asno a las berzas, no dejó verdes ni secas.
Nunca falta un borracho en una vela.
De familia y trastos viejos, pocos y lejos.
Tronar como un arpa vieja.
Albaricoques de Churriana, unos caen hoy y otros mañana.
Del sabio, poeta y loco, todos tenemos un poco.
El año de la sierra, no lo traiga Dios a la tierra.
En tierra de abrojos, abre los ojos.
El miedo a los pequeños defectos hace crecer los grandes
Lo raro es caro.
La moza buena, en casa está y afuera suena.
Los sueños del gato están poblados de sonrisas.
Camina como viejo y llegarás como joven.
Hay señor mándame todo percance, mándame males añejos; pero lidiar con pendejos, no me lo mandes señor.
La buena cena, temprano suena.
El perro, mi amigo; la mujer mi enemigo; el hijo, mi señor.
Donde no hay escritura, no hay obligación. Porque las palabras se las lleva el viento.
¿De qué se ríe un tonto?. De ver reír a otro tonto.
Donde una cabeza grana, otra es vana.
Dar a la tierra el grano, para que retorne la mazorca.
El buen nabo, por Santiago tiene cabo.
El amor y el vino sacan al hombre de tino.
Padre no tuviste, madre no temiste; hijo, diablo te hiciste.
A las cosas ciertas encomendaos y de vanas esperanzas dejaos.
¡Cómo sufre mi pecho que late!
La rana en el fondo del charco no sabe nada del gran Océano.
De tal colmena tal enjambre.
Todos somos hermanos bajo el ardiente sol.
Por San Andrés el vino nuevo, añejo es.
Para roer, la cabra, y para el colchón, la lana.
A los desgraciados les salen gusanos en la sal
Riñen las comadres y dícense las verdades.
La felicidad y el arco iris nunca se ven en la propia casa, solo en casa de los demás