No digas cuatro hasta que no lo tengas en el saco
Una palabra deja caer una casa.
Reyes y gatos son bastante ingratos.
Hermanos hay tanto por hacer!
Grabemos los agravios en la arena y las gentilezas en el mármol.
Adonde halló un panal, vuelve el oso a husmear.
Consejo tardío, consejo baldío.
Con fabes y sidrina, nunca falta gasolina.
El caballo que es rotón, y el jinete que le hace daño.
La mucha alegría y la mucha tristeza, muerte acarrean.
Si no vas a planchar, no arrugues.
A rocín viejo, cabezada nueva.
El amor es ciego y el matrimonio devuelve la vista.
La lengua queda y los ojos listos.
La madera de tu casa, en enero sea cortada.
Favores recordados, ¡ya están saldados!.
Quien se aconseja a sí mismo se enfada
Naranjas y mujeres, den lo que ellas quisieren.
Mano blanca y gordezuela, puesta sobre el corazón, aumenta la palpitación.
Donde hay hambre, las tripas cantan.
Como Marzo vuelva el rabo, ni queda pastor ni ganado.
La corneta, lo mismo toca a diana que retreta.
El que canta por la mañana, llora por la tarde.
Berzas y nabos, para en uno son entrambos.
Bien hayan mis bienes, si remedian mis males.
Abre la puerta a la pereza y entraren tu casa la pobreza.
Llámame gorrión y échame trigo.
Ni ruin hidalgo, ni ruin galgo, ni ruin letrado.
Riñen los pastores, y se descubren los quesos.
Cuando en Abril truena, noticia buena.
Las cosas bien pensadas, bien acertadas.
Ni al niño el bollo, ni al santo el voto.
Marzo marzuelo, un día malo y otro bueno.
Un indio menos, una tortilla mas.
Los difuntos, todos juntos.
Juventud que vela y vejez que duerme, señal de muerte.
El árbol deshojado es el amante de los ciclones.
Más ordinario que un cementerio con columpios.
Dichosos mis bienes, que remedian mis males.
La suerte avanza a pasos de tortola y huye a pasos de gacela.
Al viejo y al olivar, lo que se les pueda sacar.
Cabra coja no quiere siesta, y si la tiene caro le cuesta.
Cada vez que el murmurador charla, echa abajo una acera de casas.
Cántaro que mucho va a la fuente, alguna vez se rompe.
El que tiene caridad y un alma pura, de las fallas ajenas no murmura.
Aire cierzo, cuando llueve, ¡llueve de cierto!.
Quien habla, siembra; quien oye y calla, recoge y siembra.
Hay ojos que de legañas se enamoran.
Hambre, frío y cochino hacen gran ruido.
Insistir al que es porfiado, es llover sobre mojado.