Abrojos, abren ojos.
Un muerto abre los ojos al vivo.
Antes de casarte abre bien los ojos, después cierra uno.
El pan con ojos, el queso sin ojos, y el vino que salte a los ojos.
El marido y la mujer deben ser como las manos y los ojos: cuando duele la mano, los ojos lloran, y cuando los ojos lloran las manos secan las lágrimas.
Quien por malos caminos anda, malos abrojos halla.
Si de la tierra naciste y a la tierra has de volver, ese orgullo, ¿por qué?
No es lo mismo uno en su tierra, que en tierra ajena.
El vino abre el camino.
Una uva a ratitos, abre el apetito.
A otra puerta, que ésta no se abre.
Cuando hay voluntad, se abre un camino.