Según serás, así merecerás.
Si quieres participar de la olla ajena, que la tuya no tenga tapadera.
La gotera dando y dando, la piedra va perforando.
No temas avanzar lentamente, teme detenerte.
El papel puede con todo.
El ojo del amante descubre una diosa en su amada
Encima de la cabaña todo daña.
Puerco no se rasca en javilla.
Quien se quemare, que sople.
Cuanto más sepas mejor suerte tendrás.
Sabiduría de pobre hombre, hermosura de puta y fuerza de ganapán, nada val.
Dios tarda, pero no olvida.
El que se pega al televisor, pierde fuerzas y color.
Agua que va río abajo, arriba no ha de volver.
En Octubre, toma los bueyes y cubre.
La avaricia es mar sin fondo y sin orillas.
Quien no quiere escuchar ruidos, que se tape los oídos.
Según el soldado, así se le da la boleta de alojado.
Premio del trabajo justo, son honra, provecho y gusto.
La ocasión llega, llama y no espera.
Ajo cebollino, para con vino.
El amor muere de mal ausencia.
Si te cuidad de los listos, seguro que te engaña un tonto.
Al medico, al confesor y al letrado, hablarle claro.
Por la Virgen de Lorena, verano fuera.
Donde no se gana nada, algo se va perdiendo; por lo menos, el tiempo.
Molino parado no gana maquila.
Si voy, con lo que te doy.
Soportar y perdonar es buena filosofía.
No hay doctrina como la de la hormiga.
La peor cazuela es guisarla y no comerla.
Junto a santo que no suda, el sacristán estornuda.
Asno con hambre, cardos come.
Lo que no conviene no viene.
Nosotros no perdemos tiempo en la vida; lo que se pierde es la vida, al perder el tiempo.
Algo tendrá el agua cuando la bendicen.
La gota que derramó el vaso de agua.
Paga al contado y líbrate de cuentas chicas.
Regla y compás, cuanto más, más.
El roble como nace y el pino como cae.
Bebe por calabaza y no te pondrán tacha.
Cuentas claras y el chocolate espeso.
El rábano, malo para el diente y peor para el vientre.
Antes huir que morir.
A caballo grande, grandes espuelas.
Dando dando, palomita volando.
El agua hace flotar el barco, pero también puede hundirlo.
¡Qué bella flor el laurel rosa! y ¡qué amargo es el laurel rosa!.
Si quieres, niña, que a tu boda no vaya, invítame la víspera por la mañana.
El que lava la cabeza del asno, pierde el jabón, y el que predica en desierto pierde el sermón.