Quien quisiere mentir, atestigüe con muertos.
Quien ve romero y no lo coge, del mal que le venga no se enoje.
Hasta lo bueno cansa, si es en mucha abundancia.
Las personas que tienen muchas faltas, son las que más critican a otros.
Así como un medicamento amargo cura la enfermedad, las palabras sinceras, que hieren los oídos, benefician el comportamiento.
No vayas a buscar al médico cuando el paciente ya esté muerto.
El que quiere, va; el que no quiere, envía.
Los votos hechos durante la tormenta se olvidan al llegar la calma.
Cuando Abril se marcha lloviendo, Mayo viene riendo.
La madre y la hija, usan la misma camisa: la de la madre y no la de la hija.
Dos negaciones afirman, pero tres confirman.
Fuiste virgo y viniste parida; ¡muchas querrían ir a tal ida!.
El harto no se acuerda del ayuno.
A la que uno no contenta, no bastan dos ni cincuenta.
La felicidad no crece en el huerto del envidioso
Yo no tengo por qué sudar fiebres ajenas.
La sed por el oro, socava el decoro.
Casa de concejo, pajar de viejo.
El clérigo y el fraile al que han de menester, llamadlo compadre.
No repartas tus palabras a la gente común ni te asocies a uno demasiado expresivo de corazón.
La lealtad se paga.
No aceptes soborno del poderoso ni oprimas al desheredado.
Cuando hay lealtad y franqueza, las cartas sobre la mesa.
La vaca por el cacho y la mujer por la mama.
A gran salto, gran quebranto.
Quien va a la feria, lo cuenta a su manera.
El día que hayais envenenado el último río, abatido el último árbol, y asesinado el último animal, os dareis cuenta que el dinero no se puede comer.
Quien borracho se acuesta, con agua se desayuna.
Quien milagros busca, con el diablo se topa.
Hablando nos entendemos.
Un amigo es como la sangre, que acude a la herida sin que la llamen.
Toda flor quiere ser fruto.
A consejo ido, consejo venido.
El más piadoso se alegra, al ver su rival en quiebra.
Golondrina que con el ala roza la tierra, agua recela.
Dios nos libre del día de las alabanzas.
Las palabras sinceras no son elegantes, pero las elegantes no son sinceras.
El matrimonio es el único error que no debemos dejar de cometer.
Cuando una puerta se cierra, ciento se abren.
Dar a manos llenas significa repartir en pequeñas partes lo que fue robado a lo grande
Ni de mujer de otro, ni coces de potro.
Rapados y por rapar, todos han de pagar.
Pronto y bien, rara vez juntos se ven.
Yo le digo que se vaya y él desátase las bragas.
Carajadas de San Lucas, pendejadas de San Juan.
Agua de marzo, pero que la mancha en el sayo.
De ensalada, dos bocados y dejada.
La ilusión es la realidad de los que no tienen un real.
No le pidas peras al olmo.
Hay que amarrar el tamal.