Me dejó como la guayabera.
Una lechuza, bienestar donde se posa y malestar donde canta.
En abril, va la vieja a veril.
La esperanza es lo último que se pierde.
Al que feo ama, bonita le parece.
En cada mujer hay una reina. Hable con la Reina y la Reina responderá.
Los pies van donde va el corazón
Donde se está bien nunca se muere
Chimenea nueva blanca unos días, y al cabo negra.
Cojo con miedo, corre ligero.
Pájaro de mar por tierra, tempestad segura o gran novedad
Palabra que retienes dentro de tí, es tu esclava; la que se te escapa, es tu señora.
Cosa muy querida, presto perdida.
Si la mar fuera vino, todo el mundo sería marino.
La que no tiene suegra ni cuñada, esa es bien casada.
Amistad de yerno, sol en invierno.
La suerte es loca y a cualquiera le toca.
Tres cosas echan de su casa al hombre: el humo, la gotera y la mujer vocinglera.
Esto de mi casamiento es cosa de cuento; cuanto más se trata, más se desbarata.
Si engañas a tu pareja, te engañas a ti mismo.
De suegras y de cuñadas va un carro lleno, mira que linda carga va para el infierno.
El que ama, teme.
los hombres son de oro y las mujeres de tela.
Quien poco tiene, pronto lo gasta.
El ojo del amo engorda el ganado.
A bien te salgan, hija, estos arremangos.
Hijos casados, duelos doblados.
En el amor como en las armas la confianza pierde al hombre.
Calabazas coloridas, en otoño recogidas.
Mano blanca y gordezuela, puesta sobre el corazón, aumenta la palpitación.
El asno enamorado, muéstralo a coces y a bocados.
Leche y vino, veneno fino.
Hablar con el corazón en la mano.
No creas al que de la feria viene, sino al que ella vuelve.
El ceremonial es el humo de la amistad
Quien mira hacia atrás no va hacia la felicidad
Refran de los abuelos es probado y verdadero.
La mujer es como el sendero por el que se camina: no se debe pensar en los que ya lo anduvieron ni en los que lo andarán.
El agua arruina el puente y el vino la mente
Vida sin amigos, muerte sin testigos.
Dos capitanes hunden el barco.
Rogar al Santo, hasta pasar el tranco.
Hay mujeres que, como la leña de corcha, tienen tres arderes.
Las letras del estudioso; las riquezas, del solícito; el mandar del presuntuoso; y el cielo del devoto.
Quien no sabe dar sabe recibir
Consejo de quien bien te quiere, escribelo aunque no lo apruebes.
El viajero que sed siente, se agacha y besa la fuente.
El que da y quita, con el diablo se desquita.
Cuando el pobre lava, llueve.
Casamiento y mortaja del cielo bajan.