Zorrilla tagarnillera, hácese muerta por asir la presa.
En la mesa y en el juego, se conoce al caballero.
La venganza no es buena mata el alma y la envenena.
A borrico desconocido, no le toques la oreja.
Placer para los curas: abrir cada día la sepultura.
Dar el consejo y el remedio, favor completo.
Cebo haya en el palomar que las palomas no faltaran.
Es mejor encender una cerilla que maldecir la oscuridad.
El estreñido muere de cursos.
Más sabe una suegra que las culebras.
En esta vida insensata, ni al rico le sobra plata.
Oveja que bala, bocado que pierde.
Nunca se acuesta uno sin saber unas cosa nueva.
La más fiel memoria, no siempre es historia.
Costurera sin dedal, cose poco y cose mal.
La confianza mata al hombre.
Ocho días antes se arremanga el fraile.
Yo no siento que mi marido juegue, sino que pierda.
Romperse el brial, más vale bien que mal.
De todos modos, Juan te llamas.
El tiempo es un remedio que todo lo cura.
Oro es, lo que oro vale.
Para el flojo siempre es tarde, y cuando madruga todavía no es hora.
Amigo tarambana, el que lo pierde, gana.
Una buena acción se olvida, y una mala nunca en la vida.
Cuantas veces resulta de un engaño, contra el engañador el mayor daño.
Solo ves el árbol y no el bosque.
Todo mono sabe en que palo trepa.
Tierra por medio, para poner remedio.
Hartas riquezas tiene quien más no quiere.
Siempre la aguja se le dobla a quien no tiene otra.
Entre tres la tenían y ella meaba, y no meaba a gusto la condenada.
Al que temprano levanta, nunca le faltan abarcas.
Pan de ayer y vino de antaño, mantienen al hombre sano.
No bastan estopas para tapar muchas bocas.
Reborada al poniente, bueno al siguiente.
Rebuzno de burro, no llega al cielo.
Vale más muerto que vivo.
El que nació para estropajo, no sale del fregadero.
El que con lobos anda a aullar aprende.
Con salud y dinero, hago cuanto quiero.
Cuesta arriba o cuesta abajo, echa siempre por el atajo.
El burro busca al otro burro para rascarse.
Despacio voy, porque de prisa estoy.
Cabeza loca, la pierde su boca.
Todo lo que brilla, no es oro.
Lo poco bueno que tiene un hombre lo palparas en un solo día: toda su maldad oculta no la conocerás ni en cien años.
Hasta la muerte, anda con pie fuerte.
No tengo gato, ni perro, ni velas en ese entierro.
Por San Andrés, corderillos tres.