Un clave pequeño abre grandes puertas.
Si quieres convertirte en calígrafo: Escribe, escribe y escribe.
Hacer un viaje y dos mandados.
Cuando una mujer te pida que te tires por un tajo, pídele a Dios que sea bajo.
A buenos ocios, malos negocios.
El borracho fino, después del dulce, vino.
Lengua de barbero, afilada y cortadora.
Hombre canoso, hombre hermoso.
Bien sabe la chica, en donde le pica.
Halagos a la casada pronto la hacen más mala.
En casa de Margarita, ella pone y ella quita.
La comprensión siempre llega más tarde.
Dijo la sartén al cazo: ¡apártate gorrinazo que me tiznas!.
Sospechar y temer, enemigos del placer.
El que arcoiris ve, no se morirá de sed.
Ya que uno dé campanada, que suene y que sea sonada.
Veinte con sesenta, o sepultura o cornamenta.
No puedes evitar que el pájaro de la tristeza vuele sobre tu cabeza, pero sí puedes evitar que anide en tu cabellera.
Predico, predico, y yo soy el más borrico.
Gran tormenta, a los débiles amedranta.
El fuego de la leña verde proporciona más humo que calor.
A quien pasea con malas juntas, no le faltan problemas.
Gente de trato llano, esa es de mi agrado.
No hay cambios sin inconvenientes, aun de peor a mejor
Si te molesta que te mientan, no preguntes.
De dineros y bondad o, calidad, quita siempre la mitad.
De una gota de un tintero ¡cuánto malo y cuánto bueno!.
El hombre no sabe para quien trabaja, y la mujer para quien lo tiene.
A la fuerza, ni los zapatos entran.
El viejo quiere más vivir, para más ver y oír.
Llama el dinero al dinero, y el holgar al caballero.
Para creer hay que querer creer
Rotas las raíces del loto siguen unidas sus fibras.
Por unos pierden otros.
A galgo viejo, dadle liebre, no conejo.
Para putas y buen pan, Villanubla y Zaratán.
Saber demasiado es envejecer prematuramente.
Tres estornudos, resfriado seguro.
Las suegras son como las yucas, buenas pero enterradas.
En cielo despejado puede desatarse de repente una tempestad.
Ni casa junto a río, ni viña junto a camino.
Al terco, dale dos higas pero no lo contradigas.
Juglar que mucho canta, poco yanta.
Hay dos cosas por las cuales un hombre, no debe enojarse: Lo que puede remediarse y lo que no puede remediarse.
Tenés cola que te machuquen.
La esperanza alegra el alma.
No me abra los ojos que no le voy a echar gotas.
Este anda más perdido que el hijo de la llorona.
El papel que se rompa él.
Miércoles de ceniza, que triste vienes, con 46 días que traes de viernes.