A la mujer y al aguardiente, ¡de repente!.
Hacer de toda hierba un fardo.
La oveja y la abeja, por Abril sueltan la pelleja.
La mula con mataduras, de lejos ve venir las urracas.
A los quince, los que quise; a los veinte, con el que diga la gente; a los treinta, el primero que se presenta.
Recorre a menudo la senda que lleva al huerto de tu amigo, no sea que la maleza te impida ver el camino.
El muerto a la sepultura y el vivo a la travesura.
A quien teme preguntar, le avergüenza aprender.
La confianza da asco
El que no habla, no yerre.
Con leña prometida no se calienta la casa.
Garganta de aduladores, sepulcro abierto
De amigo a amigo, chinilla en el ojo y el culo en remojo.
Escribano, puta y barbero pacen en un prado y van por un sendero.
El enemigo es grande si se lo ve de rodillas.
Burro amarrado, leña segura.
Ni gato en palomar, ni cabra en olivar.
Quien abierta su arca deja, si le roban, ¿de quién se queja?.
Callemos, que el sordo escucha.
Después del conejo ido, pedradas al matorral.
Las tres ges de quien sabe ser amo de su casa: ganar, gastar y guardar.
Reniego de casa que a zapato nuevo dicen buena prohaga.
Por la noche juju y por la mañana burra muerta.
Da asistencia y cariño donde se necesite.
Bárbara reina, bárbaro gusto, bárbara obra, bárbaro gasto.
Cada par con su par y cada quien con su cada cual.
A rocín viejo, cabezada nueva.
A los cuarenta de edad, fácil viene la enfermedad.
A mala leña un buen brazado.
Donde veas a todos cojear, debes a lo menos renquear.
Donde las leyes flaquean, los pillos se pavonean.
La ley es como la tela de araña, atrapa los bichos chicos y deja pasar a los grandes.
Agua y sol, tiempo de requesón.
¿Quieres comer a costa de otros?. Hazte el tonto.
El otoño verdadero, por San Miguel el primer aguacero.
A un traidor, dos alevosos.
Desee bien, sea bueno.
Cuando se es rico, siempre se baila bien.
Siembra por San Lorenzo los nabos, y llenarás el carro.
Si un árbol cae, plantas otro.
Comida sin siesta, campana sin badajo.
De valientes y tragones, están llenos los panteones.
Pan candeal no hay otro tal.
Ningún burro tropieza dos veces en la misma piedra.
De la norteña y la tapatía, la primera tuya, la segunda mía.
El agua fluye, las piedras se mantienen.
Elige tu compañía antes de sentarte.
La pobreza no es un delito, pero es mejor no mostrarlo.
Detrás de la mala suerte viene la buena.
Al comer de las morcillas, ríen la madre y las hijas y al pagar, todos a llorar.