Pronto y bien, rara vez juntos se ven.
El mal llama al mal.
Por muy pequeña que sea, la mujer siempre le gana al diablo en astucia.
Quien no es para más, de hambre en su tierra perecerá.
Comer fruta, hablar puta, leer carta, bien se puede hacer en la plaza.
No fíes ni porfíes, ni prometas lo incierto por lo cierto.
A perro viejo no hay tus tus.
No fío, porque pierdo lo mío.
Si no tienes un enemigo dentro, poco podrán hacer los enemigos de fuera.
Ingrato, el volver mal por bien tiene por trato.
El pan de viaje no hace bulto.
Un buen día nunca se olvida.
"Los inviernos en Burgos, y los veranos en Sevilla", decía Doña Isabel, la gran reina de Castilla.
En un momento, al fin del mundo te lleva el pensamiento.
Más que fuerza vale maña, que el ingenio nunca engaña.
Seca la garganta, ni habla ni canta.
Avellana vana, rompe los dientes y no quita la gana.
Recogemos solo la felicidad que hemos dado a manos llenas, sin pedir nada a cambio
Tripa vacía, corazón sin alegría.
A nadie has de decir cuánto tienes, dónde lo tienes, ni adónde piensas ir.
Exagerar y mentir, por un mismo camino suelen ir.
Cuanto más sepas mejor suerte tendrás.
En el andar y en el beber se conoce a la mujer.
Aunque me veas vestida de lana no soy borrego.
Lo que siembres, recogerás.
Todo lo que no se da, se pierde.
Dar y tejer es buen saber.
Darle a uno mala espina.
La mujer del ciego, ¿para quién se afeita?.
De día no veo y de noche me espulgo.
De paja o de heno, mi vientre lleno.
Flaco hombre, mucho come.
Hablar de la mar, y en ella no entrar.
Árbol que fruto no da, solo es bueno para el llorar.
De cerro a cerro una cañada, y de cero a cero no va nada.
El que va a un entierro y no bebe vino, el suyo le viene de camino.
Doblada es la maldad que sucede a la amistad.
Ninguno muere tan pobre que la ropa no le sobre.
Niebla en alto, lluvias en bajo.
La mierda cuando la puyan hiede.
No caben dos pies en un zapato.
Pon y te llamaran gallina.
El humo al suelo, agua en el cielo.
Febrerillo el loco, que sacó a su padre al sol, y lo aporreó.
Hasta las penas severas, con plata son llevaderas.
Cada hijo de vecino tiene sus hechos por padrino.
La hija, donde pudieres; el hijo, donde quisieres.
Oveja que bala, bocado que pierde.
El sabio habla de las ideas, el inteligente de los hechos, el vulgar de lo que come.
La mejor palabra es la que no se dice.