Cada villa, su maravilla.
Alacena de dos llaves, la una entra cuando la otra sale.
La trasquilá, buena o mala, a los cuatro días iguala.
La mujer puede atravesar la roca si se lo propone.
Los cántaros que más suenan son aquellos que están vacíos.
A caballo de alquiler: mucha carga y mal comer.
Zanahorias pequeñas trae la huerta ahora que el hortelano esperaba de arroba.
No hay sabado sin sol, ni domingo sin borracho.
Pan de ayer, vino de antaño y carne manida dan al hombre la vida.
Vive de ilusiones el tonto de los cojones.
Cuando el hombre está de malas, su mujer pare de otro y el hijo se le parece.
Vive y deja vivir.
Toma después de la sopa un buen trago, y ríete de médicos y boticarios.
En caso de duda, que no sean ellas las viudas.
A veces se llora de alegría.
A la mañana el blanco y el tinto al serano.
El mejor de todos los hombres es el que le gusta a todas las mujeres.
Por un mal chiste, un buen amigo perdiste.
Quien escucha, su mal oye.
El pudor de la doncella la hace aparecer más bella.
Quien tiene noches alegres, ha de soportar mañanas tristes.
Es estólido quien toma, la sátira como broma.
De fuera vendrá quien de casa me echará.
La edad madura es aquella en la que todavía se es joven, pero con mucho más esfuerzo.
Para uno que madruga otro que no duerme.
Abogacía que no zorrocía.
Las medias ni pa las mujeres.
No te enamores hasta el punto de no saber cuándo llueve
Para quien roba un reino, la gloria; para quien roba un burro, la horca.
Quien siembra, siega.
Hambre larga, no repara en salsas.
No vendas el sol para comprar una bombilla.
La ofensa se olvida en una noche, el beneficio en un día
Se conoce a sí mismo aquel que vive en armonía con el universo navajo.
Un buen caballo viejo encerrado en el establo aún aspira a galopar mil li.
No hay pero que valga.
Por buena que sea la cuna, mejor es la buena crianza.
Lo que no quiere el hortelano le produce la huerta.
O cien varas de maíz, o cortarla de raíz.
Si quieres participar de la olla ajena, que la tuya no tenga tapadera.
Solo a los locos les gusta la guerra, el mar y el matrimonio.
Comprar de ahorcado y vender a desposado.
Frente al amor y la muerte no sirve de nada ser fuerte
Jumento es un gran suplefaltas: si no hay caballo, él trota; si no hay buey, él ara.
Lo que la mujer no hace por amor, lo hace por despecho.
Muchos pocos hacen un mucho; muchos granos de arena forman una pagoda.
Con mala persona el remedio es mucha tierra en medio.
Las desgracias vienen juntas, y las gracias muy espaciadas.
Coja es la pena; más, aunque tarda, llega.
El pastel de arroz del otro parece más grande.