Como la recién casada: con ganas de todo y ganas de nada.
Come niño, y crecerás; bebe, viejo, y vivirás.
Nadie pone más en evidencia su torpeza y mala crianza, que el que empieza a hablar antes de que su interlocutor haya concluido.
Con mucho porfiar, se pierde la verdad.
Desayunar como rey, almorzar como príncipe, y cenar como mendigo.
Oficio que no sustenta tu vida, dale despedida.
La hija, donde pudieres; el hijo, donde quisieres.
El hambre mató a pocos; la hartura a muchos.
Tierra, cuanta veas, casa, en la que quepas.
Va al hoyo el mozo y el gozo al pozo.
No fío, porque pierdo lo mío.
Asno con hambre, cardos come.
Bebo poco y quiérolo bueno; una azumbre me dura un día entero.
El juez infiel impide que la balanza esté en su fiel.
Por San Matías igualan las noches con los días y pega el sol en la umbrías.
La vergüenza una vez perdida, se perdió para toda la vida.
En el mes de San Juan, al sol se cuece el pan.
Buen esfuerzo vence a la mala ventura.
No hay que conejear sin perros.
Es mejor gastarse que enmohecerse.
Día nublado engaña al amo y al criado.
A la oveja mansa, cada cordero la mama.
La mujer sabía edifica su casa; más la necia con sus manos la derriba.
A la puta, el hijo la saca de duda.
Maldigo el diente que come la simiente.
Nadie aprecia lo que tiene hasta que lo ve perdido.
Antes de entrar en un lugar, fíjate por dónde se puede salir.
La lengua es el castigo del cuerpo.
Que sabe de amores, el que nunca se ha casado.
Alzando en adviento, se alza y se abona a un tiempo.
Un muerto abre los ojos al vivo.
De floja tierra, nunca abundante cosecha.
No dar ni recibir, sin escribir.
Viuda honrada, su puerta cerrada.
Hijo ajeno, mételo por la manga; salirse ha por el seno.
Vale más tener amigos en la plaza que en la caja.
El joven puede morir, pero el viejo no puede vivir.
Ruego de grande, fuerza es que te hace.
El hombre pone y la mujer dispone.
Cada hombre lleva un loco dentro, y cada mujer un ciento.
Al mal año, entra nadando.
Lo que no conviene no viene.
Mulas y amigos faltan en los peligro.
Para pan y pescado, chocho parado.
Como la espada, así la vaina.
Aunque el tonto coja la vela, ésta se apaga y el tonto queda.
Una hora de alegría, compensa diez malos días.
Bromas y aceitunas, pocas o ninguna.
Enero, buen mes para el carbonero.
Más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena.