A la vuelta de la esquina, ¡adiós al amigo!
Por las calles de Levante, el diluvio y la inundación, hacen en otoño su aparición.
Más apaga buena palabra que caldera de agua.
La mano, al pecho; y la pierna, en el lecho.
El soldado que ha huido cincuenta pasos se ríe del que lo ha hecho cien pasos.
De quien habla a tiento, disparates sin cuento.
Ir por lana y volver trasquilado.
Ruin es quien por ruin se tiene.
Los actos son los frutos; las palabras las hojas.
Quien no sabe dar sabe recibir
Riñen las comadres y dícense las verdades.
Todo, no importa cuán finamente esté hilado, acaba finalmente saliendo a la luz
Jarrito nuevo, ¿dónde te pondré?; jarrito viejo, ¿dónde te botaré?.
Nieves en la tierra, abundancia en la vega.
Entre Pinto y Valdemoro. (Frase utilizada en España para a alguien que duda).
El otoño verdadero, por San Miguel el primer aguacero.
Las palabras conmueven, pero el ejemplo convence y arrastra.
Cuando veas al erizo comiendo madroños, entrado está el otoño.
Mejor una palabra que serene a quien la escucha que mil versos absurdos.
Vivir es morir lentamente.
Favorecer a quien no lo ha de estimar es como echar agua al mar.
Todos los blancos tienen un reloj, pero jamás tienen tiempo.
El tiempo es un gran maestro y pone en su lugar muchas cosas
Según hagas tu cama, así dormirás.
Entiende bien la dicción, antes de armar discusión.
Ya decia Salomón que el buen vino alegra el corazón.
Juntos pero no revueltos.
No hay mejor condimento que el hambre.
Burlas que son veras, otro las quiera.
Dios habla una lengua extranjera.
Las injurias o bien vengadas o bien aguantadas.
Que tu corazón se enderece: aquí nadie vivirá para siempre.
Una buena palabra alegra, una mala hiere.
Reniego de señora que todo lo llora.
Si la palabra vale una moneda, el silencio vale dos.
Se olvida una buena acción, y no un buen bofetón.
Después de la remolacha, ni vino ni muchacha.
Sacar las castañas del fuego.
Para aprender a rezar no hay como viajar por mar.
Inútil es reprender a quien caso de no ha de hacer.
El consejo del viejo frailuco, hay que ser cuco.
En el amor y la guerra, todo hueco es trinchera.
Ajuar de la forastera: dos estacas y una estera.
Decídmelo y lo olvidaré, enseñádmelo y lo recordaré, implicadme y lo entenderé, apartaos y actuaré.
Ni caldo recalentado ni amigo reconciliado.
La necesidad no dice adiós, sino hasta luego.
Nadie remienda un vestido viejo, con un pedazo de vestido nuevo.
Por muchos pueblos y países anduvimos y, es seguro, de todos alguna cosa aprendimos.
Ni "arre" que corras ni "so" que te pares.
De este destripaterrones venimos los infanzones.