Febrerillo, mes loquillo.
El que miente, si no lo pillan, no se arrepiente.
Hay tres cosas que no se olvidan: el primer amor, el primer dinero ganadado y el pueblo dondo uno nació.
El pobre es un extranjero en su país.
Casamiento sin engaños uno cada diez años.
Variante: El pez que busca el anzuelo, busca su duelo, dice mi abuelo.
Trabajo empezado está medio hecho
Para hilar una mentira, siempre hace falta madeja.
Haz lo que diga el fraile y no lo que hace.
Querer atar las lenguas de los maldicientes es lo mismo que querer poner puertas al campo.
El abad canta donde yanta.
Lobos de la misma camada.
Más verga que el Trica programando.
De aceituna, una; de vino una laguna; y de asado, hasta quedar botado.
Ea, que hago barato: ¡lo que vale tres, lo doy por cuatro!.
De casa del abad, comer y llevar.
No hay mal que por bien no venga.
Da a los ricos lo suyo, a los pobres lo tuyo.
Antes de entrar en un lugar, fíjate por dónde se puede salir.
Prometer, prometer hasta meter, y una vez metido, nada de lo prometido.
Olla que hierve arrebatada, olla malograda.
Mientras el tímido reflexiona, el valiente va, triunfa y vuelve.
Guárdame de aquel en quien tengo puesta mi confianza, que de quien desconfío, me guardaré solo.
El ojo de un amigo es un buen espejo.
La gloria no estriba en no fracasar nunca sino en levantarse cada vez que caigas.
Dijo la sartén al cazo: ¡apártate gorrinazo que me tiznas!.
Hacerte amigo del juez
Buey viejo no pisa mata, y si la pisa no la maltrata.
Más vale un palabra a tiempo, que cien a destiempo.
Caminito comenzado, es medio andado.
Agua que no has de beber, déjala correr.
Un hombre sabio se recuerda de sus amigos siempre; un tonto, solamente cuando él necesita.
Hablando se entienden los blancos.
La viuda rica, con un ojo llora y con el otro repica.
Bueno es tener amigos, aunque sea en el infierno.
Preferir ser jade en añicos antes que una teja entera.
Un "quizá" ni ata ni desata.
El primer grado de locura es creerse cuerdo, y el segundo proclamarlo.
Quien recurre a poco saber obtiene un mal parecer
Alabar y callar para medrar.
Si te cansas de un amigo, préstale dinero.
Lo que humedecido viene, muy prontico se reviene.
Mi casa y mi hogar, cien doblas val.
A consejo de ruin, campana de madera.
El que va a hacer mal, ya va herido, dice el refrán.
Por las calles de Levante, el diluvio y la inundación, hacen en otoño su aparición.
La vida es una sorpresa continua
Difama, que algo queda.
No enciendas un fuego que eres incapaz de apagar.
Ya decia Salomón que el buen vino alegra el corazón.