En el ajedrez, el Rey y el Peón van siempre al mismo cajón.
En este mundo nada hay cierto, salvo la muerte y los impuestos.
En la casa del ahorcado, nombrar la soga es pecado.
En la vida todo tiene remedio, menos la muerte.
Es mejor decir allí corrió, que allí murió.
Frente al ahorcado, no se mencione lazo.
Hagamos hoy por la vida, que la muerte vendrá sola.
Hoy figura, mañana sepultura.
Idas sin vuelta, el hombre a la horca, el pan de pastores y los potros a la feria.
Idos y muertos es lo mesmo.
Idos y muertos, olvidados presto.
Indio muerto no tira flecha.
Indio que quiere ser criollo, al hoyo.
La gratitud no es a perpetuidad como los sepulcros.
Lágrimas Las del heredero son risas encubiertas.
Las deudas desaparecen tras la muerte del acreedor.
Las flores son para los muertos.
Las treguas no son de demandar al tiempo de la muerte, ni de dar.
La tos seca es de la muerte trompeta.
Lo que esconde el más allá, tras la muerte se sabrá.
Malas nuevas, como el rayo llegan.
Mal habiendo y bien esperando, morirme he triste y no sé cuando.
Más vale estar pelada que amortajada.
Más vale llorarlas muertas que no en ajeno poder.
Más vale oler a asno que a muerto.
Más vale tuerta que muerta.
Más vale un buen morir que un mal vivir.
Menos ha de ser llorado el muerto que el desdichado.
Muero el Rey y el Papa y el que no tiene capa.
Muero el toro y enseguida, acabase a carreira.
Muerte la gata, los RATONES bailan.
Muerte no venga que achaques no tenga.
Muerto al agua, borrasca segura.
Muerto el hombre más celebrado, a los diez días, olvidado.
Muerto está el ausente, y vivo el presente.
Muerto por una, muerto por varias.
Nacemos de un polvo y cuando muramos nos convertiremos en polvo.
Nadie le da vela en este entierro.
Nadie muere la víspera de su muerte.
Nadie muere motón.
Nadie se muere dos veces.
Nadie se muere en la vispera.
Nadie se muere un minuto antes.
Ni el más rico ni el más fuerte, se han librado de la muerte.
Ni el rey ni el papa de la muerte escapa.
Ninguna mortaja, es grata ni maja.
Ningún muerto ha regresado, ni a dar un simple recado.
Ningún pescador de caña ni molinero de viento, necesita un escribano para hacer testamento.
No des la hacienda antes de morir, que los tuyos te harán sufrir.
No hay alguno tan pobre que la muerte no le sobre.